1 de Mayo: sindicalismo vertical

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La manifestación del 1 de mayo ha supuesto este año la salida del armario de los dos sindicatos mayoritarios. Por si había alguna duda, tanto UGT como CCOO fueron ayer de la mano del gobierno del PSOE y Unidas Podemos. Nunca habían asistido a dicha manifestación seis miembros del gobierno, dos de ellos vicepresidentes, lo cual deja en evidencia alguna realidad.

La primera, que los sindicatos, que han dejado de ser independientes (si alguna vez lo fueron), no tiene ya pudor en presentarse como correas de transmisión del Poder, y en echarle una manita al Poderoso en el final de una campaña electoral que no parece irle demasiado bien.

La segunda, que el gobierno escenifica estar más del lado de los trabajadores que del mundo empresarial, sin que eso implique adoptar medidas de protección de los trabajadores; eso sí, la coalición que nos gobierna legaliza que los piquetes impidan a los trabajadores ir a trabajar.

La tercera, es que la izquierda ha terminado en los peores vicios del franquismo: hemos pasado de aquellos sindicatos rebeldes de Redondo y Camacho, que no querían ver a un ministro más que sentado en la mesa de negociación, a éstos pseudo-sindicatos perfectamente domesticados e integrados en el aparato del poder político, hasta el punto que la manifestación del 1 de mayo no tenía nada que envidiar a la de los viejos sindicatos verticales y sus reverenciales exhibiciones ante el Jefe del Estado en el Estadio Santiago Bernabéu. El gobierno de la izquierda ha conseguido llevar al sindicalismo español, mutatis mutandis, a las puertas del mismísimo Movimiento Nacional.