EDITORIAL

¡A las mariscadas!

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El primero de mayo, día del trabajador, día del trabajo, lleva ya tiempo secuestrado por los sindicatos de «clase» y sus líderes, que no la hincan ni por equivocación.

Entre seguir con los suyos de antes o arribarse a los suyos de ahora (los del Chanel nº 5 y el wokismo fun) ha optado sin dudarlo por estos. El primer paso no lo dio Pablo Iglesias, cuando salió huyendo de Vallecas dirección Cuelgamuros, pero sí fue el primero que lo hizo con absoluto desprecio al comunal.

Yolanda Díaz se paree a Pasionaria como un huevo a una castaña (por eso la llaman «la fashionaria»).

Esos dos personajillos que lideran UGT y CCOO (cuyo nombre no merece siquiera ser reproducido) no son ni sombra de lo fueron aquellos honestos Marcelino Camacho y Nicolás Redondo, que después de currar (y no para no hacerlo) se iban al sindicato a planificar la huelga general, gobernara quien gobernara.

La izquierda ha dejado de defender los intereses de las clases trabajadoras y medias y ha sustituido su misión política y social por esa nueva religión (organizada en secta) del radical-climatismo, el wokismo, la ideología de género, el movimiento trans y todos esos cascabeles con que les gusta adornarse ahora para identificarse como clan. Los sindicatos de clase han dejado a los suyos en el barrio y se han unido a una secta fundada y dirigida por el gran capital.

Igual que esta mañana de domingo desfilaba por las calles de Madrid la deslucida concentración de los sindicalistas, podría haber desfilado una manifa de alegres hare krishna-hare-hare con sus túnicas anaranjadas y sus panderetas hindúes.

Cuentan que en un momento dado, a un manifestante se le fue la pinza y llegó a gritar aquello de «a las barricadas». Pero no: ya disuelta, los lideres de la manifa infestaron las cervecerías y marisquerías del centro de Madrid, ¡qué bien resiste!