EDITORIAL

¡Addio, Antonio!

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Mario Draghi, hombre de indudable talento y de marcado sentido del humor, deja, tras su dimisión, tres legados a nuestro presidente del gobierno:

El primero es el ejemplo: se puede dimitir, o sea, que no pasa nada.

El segundo es la lección de política internacional: cuando uno abandona a un socio estratégico como Argelia, llega otro más listo (en este caso mucho mas listo) y más rápido (mucho más rápido) y se queda con el socio. Gracias a la torpeza incomprensible de Sanchez, Argelia ha dejado de ser el socio estratégico de España en materia energética -justo en este momento, tiene bemoles- y se ha ido con Italia.

El tercero legado de Mario Draghi a nuestro presidente es su bautismo: Querido Antonio.

Ahora, el viejo zorro italiano, que sale del poder nuevamente indemne, parece decirle al párvulo español «¡Addio, addio…!»(Rigoletto)