EDITORIAL

Editorial. Analfabetos y provincianos: el futuro de los jóvenes catalanes

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El nacionalismo, ya se sabe, se cura viajando. Viajando y leyendo. Leyendo y estudiando. Se cura…porque es una enfermedad, una desviación patológica de la atención, una jibarización de la personalidad y un ejercicio puramente tribal. Somos los mejores porque somos nosotros. Yo soy de los nuestros y, en consecuencia, soy de los mejores. Ese es el cuento. La realidad, sin embargo, es que ese cuento no es más que el instrumento político para mandar cada vez más en un sitio cada vez más pequeño, más insignificante y más atroz.

La enseñanza es el laboratorio perfecto de ese ejercicio de domino absoluto sobre las mentalidades.

Al parecer, en Cataluña, los jóvenes bachilleres solo estudian la Historia de España desde 1875 (Cánovas fue un político sin duda inteligente, pero nunca pensó que llegaría a tanto). Según el plan de estudios diseñado para esos pobres estudiantes, las referencias históricas de España no llegan más allá de 1803. Antes, España no existe. O mejor, no debe existir. Esa es la cosa.

Todos nos hemos echado ingenuamente las manos a la cabeza: ¡Ignorantes, analfabetos! ¿Y la España medieval? ¿Donde están el Reino Visigodo, Alándalus, La Reconquista, ¡Los Reyes Católicos!, el Emperador Carlos I, los Austrias, la Guerra de Sucesión o la Ilustración?  Pero no; no es por desprecio hacia España que a esos estudiantes se les hurta del conocimiento. Es por temor a que a los chicos les acabe gustando la impresionante realidad histórica de España, más allá de los tópicos políticos y de los sectarismos.

No es baladí que de la Historia de España se les robe a los jóvenes de Cataluña lo mejor: la reconquista, el renacimiento, el barroco, la ilustración, la aventura americana, la hispanidad…el ser de España. Tampoco es casual que el programa se regodee en el fracaso del siglo XIX, en la guerra civil (contada, claro está, plagada mentiras) y en el catalanismo político (un invento del proteccionismo comercial del que nadie fuera de España ha oido nunca hablar).

La oligarquía independentista ha raptado la Historia de España de las aulas. Mal asunto. Van a crear, intencionadamente, claro,  generaciones de analfabetos fanatizados y provincianos.  Serán más pobres. Serán más cortos. Serán más ignorantes. Serán ceniza y no tendrán sentido.