EDITORIAL

Editorial. Cataluña: rienda suelta a la mentira

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En su celebérrima distopía “1984”, tan citada de oído como poco leída, G. Orwell desarrolla una idea que, en la misma medida que otras más conocidas, como las del “Gran Hermano”, el “Ministerio de la Verdad” o la invención de la neolengua, ha adquirido una siniestra vigencia política. La democracia, ya se sabe, es (o era) un régimen de opinión y, en consecuencia,  la mentira política se penaliza (se penalizaba) como una de las más altas traiciones de cualquier  líder político. En Gran Bretaña, en Alemania, en Francia el valor político de la fiabilidad era tan alto que, hasta hace no mucho, si se pillaba a un dirigente en una mentira se le cesaba fulminantemente. Dejar de ser creíble era, en nuestros sistemas, una expulsión al ostracismo: quien no es fiable no puede crear opinión.

Orwell, sin embargo, adelantó en su famosa distopía el fin de la veracidad  política: para la destrucción de la realidad ya no bastaban ni el “Gran Hermano” ni el “Ministerio de la Verdad” ni los “agujeros de la memoria” (orificios por donde se arrojaba y se incineraba toda huella irreverente sobre el pasado). Hacía falta algo más, y Orwell se inventa el doblepensar, la facultad asombrosa de decir simultáneamente una cosa y la contraria, y de hacerlo  con toda sinceridad y convicción. Ese desdoblamiento de la personalidad, esa esquizofrenia política solo se logra dando rienda suelta a la mentira, que pasa a ser una herramienta política legítima y normalizada. La verdad es la mentira y la mentira es la verdad, y ambas son coherentes entre sí. El doblepensar forma  parte del adoctrinamiento por el cual se consigue que el ciudadano acepte como verdadero lo que es claramente falso, o que acepte dos ideas contradictorias como coherentes. Por ejemplo: es posible pactar y no pactar al mismo tiempo, matar y no matar, mentir y decir verdad, subir los impuestos y bajarlos. La realidad la marca el poder según convenga, y los súbditos la acatan con toda naturalidad.  

Pedro Sánchez, maestro del doblepensar, hombre de oficio, ha creado escuela en su partido. La precampaña electoral de Cataluña está a punto de comenzar y, de saque, ha irrumpido con una mentira tan evidente, con una esquizofrenia tan palmaria como es que Iceta prometa con total desahogo que los socialistas no pactarán nunca con los independentistas. ¿Les suena? ¿Le recuerda quizás a las mentiras de Sánchez (no pactaré nunca con Bildu, meter a Podemos en el gobierno de España me quitaría el sueño) o de Abalos (no pactaremos con ERC; por ahí no vamos a pasar”)?

El caso de Iceta es todavía más grave porque su mentira no es una promesa que se desvanecerá en el futuro, sino una afirmación que se niega a sí misma en el mismo momento en que se está pronunciando. ¿Acaso no ha pactado Sánchez con la ERC los PGE? ¿Acaso no ha pactado con ERC el acoso y derribo fiscal de Madrid? ¿Acaso no es ERC socio preferencial de los socialistas? ¿Acaso no existe un pacto, profundo y de largo recorrido, aún no confesado pero cierto, de entregar el poder de Cataluña a la ERC (y a Bildu el del P. Vasco) mientras él se garantiza, a  cambio, el gobierno de lo que quede de España? 

La distopía ha llegado. Lo de Cataluña, que ha empezado con fuerza, va a ser el acabóse.