Cien años y Las Hurdes: del viaje de Alfonso XIII a la visita de Felipe VI

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Pinofranqueado (Cáceres), 9 may (EFE).- De aquellas Hurdes que recorrió el rey Alfonso XIII hace ahora cien años, y cuyas imágenes en blanco y negro intensificaron la miseria más absoluta en la que vivían sus habitantes, nada queda, solo el recuerdo… el de una comarca que nada tenía y que difícilmente respiraba, y que ahora, un siglo después, se muestra al mundo como rincón auténtico de vida.

Abandonar el pasado no es siempre renunciar al mismo, ni avanzar presupone sellar para siempre el origen del camino.

En las Hurdes, comarca cacereña que merced a esa visita real apareció en el mapa social y periodístico de aquella época, se es consciente de que su nueva realidad de desarrollo económico y social tuvo unas raíces raquíticas y enfermas, pero sus gentes, que nada tenían, se aferraban a la necesidad de vivir, aunque fuera malvivir.

Casi cien años después de que Alfonso XIII recorriera a caballo y a pie estas tierras (del 20 al 24 de junio de 1922), el rey Felipe VI las visita esta semana para conmemorar aquel viaje.

«Esta comarca nada tiene que ver con lo que era entonces», remarca en una entrevista a EFE el alcalde de Pinofranqueado, José Luis Azabal, en cuya localidad nació un ahijado del monarca en 1925, pues fue deseo expreso de este último que el niño llevara su nombre, después de que uno de los galenos enviados a estas tierras por Alfonso XIII asistiera en el parto por cesárea.

Lo que vio el bisabuelo de Felipe VI en su recorrido por los pequeños pueblos y alquerías que conforman Las Hurdes no fue una casualidad, ni un hallazgo inesperado. Ya estaba advertido.

El intelectual e hispanista francés Maurice Legendre, cuya tesis doctoral estaba dedicada a esta comarca; el escritor Miguel de Unamuno, el doctor Gregorio Marañón y el académico y periodista Severino Aznar, entre otras personalidades, ya habían alertado de los «cuadros de miseria».

Desolada, abandonada, olvidada, aislada y plagada de enfermedades, así eran Las Hurdes, según refleja el estudio realizado por José Pedro Domínguez sobre el extinto Real Patronato de las Hurdes (1922-1931), una institución con carácter de beneficiencia creada ex profeso por el Gobierno de entonces para remediar las carencias.

«El bocio, el paludismo, el tifus, la viruela, eran las enfermedades que convivían» entre las gentes hurdanas, con una tasa de mortalidad del 92,50 por mil, relata Domínguez en su estudio.

«Sin asistencia médica ni farmacéutica -continúa- sólo contaban con la heroica misión de algunos sacerdotes que intentaban impedir estos focos de progresiva miseria e ignorancia. Casi todo el vuelo de los montes, base de la riqueza de este pueblo, quedó abatido por las talas, el carboneo, los incendios y el pastoreo irracional.

«Se tornaba urgente una acción que pusiese ante los ojos de la opinión pública española la grandeza y magnificencia» de paliar la situación, pues las imágenes de la visita de Alfonso XIII -que recorrieron medio mundo- fueron «incómodas» al «dañar y deteriorar la imagen de la política del momento», sostiene Domínguez.

A partir de aquel viaje y de la labor del Real Patronato, llegaron los médicos, el paludismo se fue, la hambruna se superó, se combatió el analfabetismo, se mejoraron las viviendas y las comunicaciones y ahora, un siglo después, Las Hurdes, conformada por seis municipios y más de cuarenta pedanías y alquerías, y donde viven más 7.000 personas, es, sin duda alguna, «uno de los lugares más hermosos de España», afirma su alcalde.

De dicho camino de transformación y desarrollo ya fueron testigos don Juan Carlos y doña Sofía en un viaje oficial de dos días en abril de 1998.

La zona ha avanzado de tal forma que muchos hurdanos consideran que la visita de Felipe VI el próximo 12 de mayo debe servir de instrumento de promoción de «este bello territorio» desde el punto de vista turístico y no tanto de recordar tiempos pasados «en blanco y negro, que sin duda fueron similares en otras muchas zonas del país y no solo aquí», ha remarcado Azabal.

«Nosotros lo vemos en color y es lo que queremos mostrar, nuestra evolución cultural, social y económica», sostiene de forma contundente. «El cambio ha sido radical y eso es lo que el rey se va a encontrar. Es verdad que tenemos un serio problema de despoblación -reconoce-, pero hemos avanzado mucho y contamos con servicios y recursos que, es posible, no existan en otras muchas partes de España».

La exclusión financiera y el envejecimiento de la población -algo desigual entre sus municipios- planean como sombras sobre un cielo pincelado por la apicultura, un turismo al alza (alrededor de 1.500 plazas de alojamiento), principalmente medioambiental, cultural y astroturístico, y su gran extensión de biomasa.

De hecho, una ruta senderista de 22 kilómetros recuerda el último tramo del recorrido de Alfonso XIII, entre Casares de Las Hurdes y Las Mestas, con paso por Riomalo de Arriba, Ladrillar y Cabezo.

El hecho de que aún haya turistas que al llegar a Las Hurdes pregunten por aquellas imágenes en blanco y negro y si aún es posible encontrarlas, posiblemente explica por qué abandonar el pasado no es sinónimo de renunciar al mismo, ni avanzar presupone sellar para siempre el origen del camino.