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UN CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD

Cristianos por el mundo: el genocidio silencioso

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Hay una página web, puertasabiertas.org, que cuenta un genocidio convenientemente silenciado por la intelligentsia de la comunicación mundial. La casta de los gurús mediáticos ha decidido que no tiene importancia, que no mola. Que no conviene que se sepa que estos cristianos vuelven al martirio, porque ese martirio fue el germen imparable de la extensión de la doctrina del Nazareno en el mundo.

La página lleva 25 años elaborando la Lista Mundial de la Persecución, que es auditada externamente por el Instituto Internacional para la Libertad Religiosa y está considerada como la lista más fidedigna de su tipo.

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Hay cifras en esa página que deberían mover a reflexión, y generar atención.

La primera cifra es la siguiente:  hay 245 millones de personas que profesan la creencia en Cristo y que están siendo por ello perseguidos en parte importante del globo terráqueo.

Segunda cifra: la persecución se produce en cincuenta países (aproximadamente, uno de cada cuatro estados persigue a los cristianos por el hecho de serlo).

Tercer dato: la mayoría de esos países (la web tiene un mapa donde se identifican) o son musulmanes o son comunistas o tienen conflictos etnicistas.

Cuarto dato: la cifra de asesinados en razón de su creencia es de 4.305; el número de iglesias asaltadas es de 1.847; y el número de cristianos detenidos por profesar su Fe es de 3.150.

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Quinto: A pesar de las cifras, las conversiones se incrementan y los misioneros no abandonan los países afectados.

Sexto: la propia página web promueve y desarrolla encomiables acciones de socorro y desarrollo en las zonas de persecución: formación profesional, asistencias jurídica, desarrollo socio-económico, presencia, oración y ánimo.

Séptimo; el interesado puede consultar como la página cuenta multitud de historias de persecución y conversión sin ningún rencor, sin sensacionalismo, con esa naturalidad de los mártires que se hace insoportable a los opresores.

Todas estas personas, religiosas o no, dan un apoyo encomiable sobre el terreno y se juegan su propia vida allí. 

Nosotros sí vamos a ocuparnos de ellos. Vamos a ser su voz clamando en el desierto. Vamos a reclamar la atención de las sociedades ricas, de los gobiernos occidentales que miran hacia otro lado, de los medios de comunicación que les han vuelto la espalda. Este curioso régimen progresista que domina el mundo occidental ha decidido abandonar a los que sufren, a los perseguidos, a los exterminados por razón de sus creencias. Quizás no le convenga a ese poder oculto que maneja el destino del planeta  la existencia de personas con fuertes convicciones, creencias y principios. Los Cristianos, desde su mismo origen, siempre fueron un grupo sospechoso, con sus propios códigos morales, que convenía abatir.

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No sabemos si el deep power que maneja el mundo, que compra gobiernos e instituciones, que maneja y determina la información, que fija la agenda y domina mediática, que señala los temas de los que se debe y de los que no se debe hablar y el sentido en el que puede hacerlo, está detrás del mutismo impuesto sobre este genocidio. Que se hable de género, de migraciones, de cambio climático, identidades fraccionadas, pero que no se diga una sola palabra del gran genocidio de los cristianos por el mundo. 

Ya sabemos que las grandes y poderosas fundaciones, las ONGS de la agenda política mundial, los partidos, los sindicatos, los medios de comunicación del régimen, prefieren hablar de otras cosas. Les pagan para hablar de esas cosas y solamente de esas. 

Pero una persecución de 245 millones de personas por razón de sus creencias es un genocidio en toda regla, un crimen contra la humanidad. Lo sentimos. Hemos venido a aguarle la fiesta a los que callan. Vamos a hablar de los cristianos, del genocidio que están padeciendo, de sus verdugos, de sus cómplices, de los melifluos y de los que miran cómodamente hacia otro lado.