La mujer que más ha cotizado y el silencio de las feministas subvencionadas. Por Julio Ariza

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Regentaba una mercería en La Coruña. Loli, Dolores Agra Rodríguez, se jubila a los 78 años porque la tienda ya no da más de sí. El pequeño comercio está sucumbiendo en toda España, también la de provincias, ante el empuje de las grandes superficies y, sobre todo, de las compras a través del gigante Amazon. Esas pequeñas tiendas, que forjaron parte importante de esa clase media española que a base de dedicación, ilusión, simpatía y esfuerzo, mirando la peseta, llegaba a fin de mes todos los meses, milagro tras milagro, ese pequeño comercio de los barrios de España, está desapareciendo. Este verano pasado le tocó a “Mercería Marta”, que llevaba meses de liquidación, con sus sujetadores y medias expuestas a saldo en el escaparate (es Berlanga y Buñuel y aquella España mágica la que desaparece).

Loli es la española que más años ha cotizado. Se jubila con 78 pero lleva 64 trabajando, es decir que esta señora lleva madrugando y trabajando como una leona nada menos que desde los 14 años, desde 1955. Ahí es nada. Hace no mucho le dieron la medalla al mérito del trabajo. Ahora le van a dar 800 euros de jubilación, como si la vida hubiera sido ir sobreviviendo, ir tirando, y al final no hubiera recompensa. El derecho al descanso. 

Comenzó trabajando por 12 pesetas; de ahí pasó a las 150 y a principios de los años ochenta pudo montar su propio negocio. Así fue la formación de la clase media española, trabajadora, ahorradora, previsora, generosa, entregada a la vida familiar. 

Llevamos 41 años de democracia y, se supone, de régimen más o menos socialdemócrata, de Estado del Bienestar, de subidas continuas de impuestos, de esfuerzo fiscal imponente con la excusa de crear redes sociales para que nadie quedara abandonado en el camino y resulta que todos estos años, todos esos impuestos, han servido para que al final Loli, la mujer que más años ha trabajado en España, cobre 800 euros de pensión. Eso sí, también han servido para que España tenga la estructura de poder más cara de la historia, con más instituciones y más políticos (porcentualmente) que ningún otro país europeo: hay que pagar más de 8.131 ayuntamientos con sus concejales, funcionarios e instalaciones; más de 1.100 mancomunidades de municipios, cada uno de ellos con sus empresas públicas, sus chiringuitos, sus deudos; 52 diputaciones provinciales; 19 gobiernos autonómicos, y otros tantos parlamentos por doquier que se dedican a colocar a mediocres y a copiarse unos a otros la legislación, además de poner dificultades a los españoles que quieren desarrollar cualquier actividad.

¿Sabe Loli cuánto se ha gastado el Estado en subvenciones el pasado año? Nada menos que 14.000 millones de euros que, para mayor escarnio, según el último informe de la Autoridad Fiscal Independiente, están fuera de control. A Loli nunca le dieron subvención alguna. A ninguna de las Lolis que han levantado este país ingrato y estúpido les han dado nunca subvención alguna. Aquí las subvenciones se las llevan crudas las centenares de asociaciones de mujeres progresistas, de colectivos feministas, el lobby LGTBI, las plataformas ecologistas y todo ese mundo de políticos colocados en el tercer sector, que vive de nuestros impuestos.   

En este país todo el mundo, políticos, tertulianos, periodistas, habla de lugares comunes, consignas que no importan. Pero nadie habla de la realidad de esa clase media que está siendo arruinada por pésimos gobiernos rendidos a los intereses de grandes corporaciones y que al son de la música progre regala el dinero de nuestros impuestos a miles de ONGs que son auténticas agencias de colocación en B. 

Pocos encaran un debate ineludible, y a quien se atreve a hacerlo le llaman fascista por ello. Pero la cosa es muy sencilla, Loli, Mari, Juani, Pepi, todas juntas: o subimos vuestras pensiones o seguimos pagando este cachondeo de las subvenciones ideológicas. O autonomías o pensiones. Yo prefiero, en ambos casos, subir pensiones. 

Ni PP, ni PSOE, ni CS, ni por supuesto Podemos. Ninguno de ellos hablará de todo esto en la campaña que se nos viene encima. Loli, todas las Lolis de España, les importan una higa. 

Tampoco parece que las feministas subvencionadas se ocupen mucho de ellas.