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El síndrome de Down y el aborto… a propósito de Trump

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Por tercer año consecutivo, Donald Trump ha proclamado el mes de octubre como el Mes de la Concienciación sobre el Síndrome de Down. A tal efecto, el pasado día 1 realizó una declaración en la que pedía a los norteamericanos que aceptaran a todos los estadounidenses no nacidos, independientemente de los desafíos médicos que ello supusiera y muy especialmente a los afectados por el síndrome de Down. 

Las familias con personas síndrome de Down saben perfectamente varias cosas: saben esas familias que esos chicos son siempre el centro de ternura de padres y hermanos, que giran a su alrededor, que no solo no se avergüenzan nunca de ellos sino que les quieren con un enorme orgullo familiar; saben esas familias que los chicos y chicas síndrome de Down nunca pierden su inocencia de niños y que conservan siempre un amor puro y limpio hacia los otros; y saben también esas familias que los políticos, aquí y en todo el mundo, han sido unos cobardes redomados, unos cómplices del silencio, frente al exterminio de los niños Down. Hagamos un poco de memoria. ¿Quién no recuerda la cantidad de niños con síndrome de Down que paseaban tranquilamente por las calles de todo el mundo occidental hace 20, 30, 40 años? Todas las familias tenían algún caso cercano, un vecino, unos amigos, unos parientes próximos con chicos de ojos achinados, cariñosos, inocentes, limpios de corazón. Pero eso era hace años, hoy esos chicos han desaparecido de las calles de toda Europa y es raro cruzarse con alguno. No es que estén escondidos. Es que los han exterminado en las clínicas abortistas. Es un genocidio del que nadie habla. Un genocidio cobarde, como todos, producido contra personas indefensas y débiles. Como si fueran alguna suerte de judíos invisibles de la postmodernidad, los europeos líquidos, acomodados, progresistas, bien alimentados y mejor bebidos, ignorantes, turistas, consumistas atroces, han decidido terminar con su presencia: matar para no verlos.

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Trump sí condenó expresamente el exterminio de esos encantadores e inocentes seres humanos cuyo único delito para merecer la muerte es no poseer el mismo nivel de coeficiente intelectual que su verdugo. Si un hombre con un coeficiente intelectual de 100 puede decidir la muerte de uno de 70, ¿qué impide que uno de 140 pueda decidir la ejecución de otro de 100, quizás el mismo que mata al de 70?  

El síndrome de Down, o Trisomía 21, es un trastorno genético típicamente asociado con retrasos en el crecimiento físico, rasgos faciales distintos y, a menudo, discapacidad intelectual. A pesar de estos desafíos, un estudio de 2011 publicado en el American Journal of Medical Genetics concluyó que el 99% de las personas con síndrome de Down se describieron a sí mismos como «felices», y solo el 4% de los padres con hijos con síndrome de Down expresaron su pesar por tener sus hijos. Ahorman familias, tienen sus estudios, sus trabajos, sus amigos, sus vidas.

Pero volvamos a Trump, ese malvado del lejano oeste: «Agradecemos a las personas con síndrome de Down sus increíbles contribuciones a sus familias, a sus comunidades y nuestra gran nación, y nos comprometemos a empoderarlos para alcanzar su máximo potencial…Mi administración también renueva su compromiso de llamar la atención y comprender los desafíos que enfrentan estos notables estadounidenses, incluida su lucha contra la discriminación. Aquellos que se cree que tienen síndrome de Down también corren el riesgo de ser abortados «.

El Presidente declaró que su administración está «dedicada a fomentar oportunidades» para los estadounidenses con síndrome de Down, y pidió que sean «acogidos en las escuelas, los lugares de trabajo y las comunidades».

«Toda vida humana posee un valor inconmensurable, y mi Administración continuará abrazando y defendiendo la verdad inherente de que todos los hijos de Dios deben ser amados y apreciados», dijo. “Este mes es una oportunidad importante para que los estadounidenses reafirmen nuestro compromiso de crear una sociedad que aprecie y respete mejor la dignidad de la vida en todas sus etapas hermosas y milagrosas. Debemos dedicar nuestros esfuerzos para asegurar que Estados Unidos continúe exhibiendo reverencia por la vida humana, tanto nacidos como no nacidos”.

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Las palabras del presidente chocan, sin embargo, con la práctica mundialmente generalizada de abortar niños prenatales diagnosticados con Trisomía 21.

El Instituto Charlotte Lozier pro vida ha estimado que un 30% de los no nacidos y diagnosticados con síndrome de Down en los Estados Unidos son abortados. Tres de cada diez chicos son exterminados en ese país por carecer de un determinado coeficiente intelectual, pese a tener sentimientos, corazones enormes, una capacidad de amar como muy pocos la tienen, y habilidades sociales, profesionales y técnicas que les permite encontrar un lugar en este mundo que adoran. La cifra de Downs abortados se dispara diabólicamente en Europa: en Gran Bretaña, un 90%; en Noruega, un 65%; un 99% en Islandia y, atención, un 95% en España. Solo uno de cada veinte niños que va a nacer en España con síndrome Down, termina naciendo; los otros 19 son abortados. ¿Se puede estar orgulloso de una sociedad que hace estas cosas? ¿Qué se puede esperar de esas generaciones de españoles que practican impunemente ese extermino? ¿Se puede orgulloso de la actual España? 

“Notables estadounidenses”. “Increíbles contribuciones a las familias”. “Reverencia por la vida humana”. He ahí expresiones utilizadas por el mandatario norteamericano para ser meditadas, ensalzadas, repetidas. Trump no será el modelo de político que gustamos en Europa, pero ya nos gustaría tener personas con esos valores al frente de nuestros países.

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