Rajoy y el abrazo del oso a Casado

Con amigos como Mariano para qué querer enemigos: pide a «Casao» reformar las pensiones

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Corría el mes de febrero del año 2012. Javier Arenas, todopoderoso barón popular, era el candidato que iba a conquistar Andalucía para el partido conservador. Las elecciones generales del mes de noviembre anterior así lo pronosticaban. Tras el régimen  socialista andaluz, basado el voto clientelar, en la corrupción sistémica extendida y en el dominio absoluto de los medios de comunicación, la victoria en Andalucía se daba por segura. Los escándalos Chávez-Griñan-Eres-etc-etc, el hundimiento del PSOE en las elecciones generales del 2011 y la grave crisis económica en la que que Zapatero había sumido al país, soplaban como viento en popa del barco popular en Andalucía. Todas las encuestas daban como vencedor absoluto al viejo zorro Arenas.

Y lo peor: la izquierda se había quedado sin discurso electoral después de la pésima gestión de Zapatero y del batacazo de 2011.

Pero algo ocurrió: el gobierno de Mariano Rajoy irrumpió en plena precampaña con la famosa reforma laboral. La izquierda tardó poco en movilizar a sus poderosos sindicatos; los medios de comunicación afines a la progresía rehicieron sus argumentarios; el partido socialista de Andalucía puso la maquinaria electoral en marcha y, todos a una, transformaron al PP en el dóberman de los empresarios: comenzó una campaña por tierra, mar y aire contra las medidas «antisociales« con los que la derecha iba a «sacrificar a los trabajadores» ante el capital.

El tema de la reforma laboral promovida por la también andaluza Fátima Báñez rompió la campaña del PP, que vio como el eje de las elecciones se desplazaba desde los desastres de Zapatero, la corrupción andaluza y la ruina económica al ataque popular a los trabajadores.

Resultado: el gobierno de Mariano Rajoy arruinó la campaña de Javier Arenas que, aunque ganó las elecciones andaluzas, perdió unos valiosísimos 425.000 votos con respecto a las generales de noviembre de 2011, que le habrían dado la mayoría absoluta con holgura.

Y ahora, cuando todo parece indicar que Pablo Casado tiene orientado el acceso a la Moncloa, en la puesta de largo de su nuevo PP, llega Don Mariano y la vuelve a pifiar. En el primer día de la convención popular, el registrador que destruyó el partido y entregó el gobierno a Pedro Sánchez, llega y le dice a «Casao» que lo primero que tiene que hacer es reformar las pensiones.

«Pensionistas, temblad con el PP», será el nuevo mensaje de la izquierda telemática y orgánica.

Pues muchas gracias, Mariano, estará pensando «Casao». «Así somos», le estará recordando Arenas.