Con los ojos abiertos, por Carlos Esteban

Cientos de cubanos hartos de penurias bajo el régimen castrista se manifiestan frente al capitolio en La Habana (Cuba). Salieron este domingo a las calles de La Habana al grito de "libertad" en manifestaciones pacíficas que fueron interceptadas por las fuerzas de seguridad y brigadas de partidarios del Gobierno, produciéndose enfrentamientos violentos y arrestos. EFE/Ernesto MastrascusaCientos de cubanos hartos de penurias bajo el régimen castrista se manifiestan frente al capitolio en La Habana (Cuba). Salieron este domingo a las calles de La Habana al grito de "libertad" en manifestaciones pacíficas que fueron interceptadas por las fuerzas de seguridad y brigadas de partidarios del Gobierno, produciéndose enfrentamientos violentos y arrestos. EFE/Ernesto Mastrascusa
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No es como si fuera un secreto, caramba. No es como si hubiera que descifrar viejos pergaminos en archivos polvorientos para saber que el comunismo trae siempre, invariablemente sangre y miseria, opresión, represión y mentiras ahogando a varias generaciones en un siniestra tiranía, que se perpetúa y de la que solo se sale con dolor, a sangre y fuego.

Lo que empezó ayer en Cuba puede acabar en un Tiananmen o en un Bucarest. Pero en el mejor de los casos, el comunismo se habrá llevado por delante generaciones enteras de cubanos y dejado una Cuba arrasada como por una sucesión imparable de tsunamis.

Mientras, España avanza con los ojos totalmente abiertos hacia eso. Ayer el presidente purgó a sus más fieles, a los que han dado siempre la cara por él, y dejó a los comunistas, después de elaborar una ley que le da plenos poderes, espectaculares poderes de dictador, en caso de una ‘crisis’ que solo él puede determinar.

Comunismo: ni siquiera una calada.