Coronavirus: ¿Casualidad, causalidad, conspiración, castigo, consumación o cambio? (I)

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Por José Félix Merladet

Primera Parte:

¿2020 UN AÑO TOTALMENTE PERDIDO O EL MAS UTIL E IMPORTANTE DE NUESTRAS VIDAS?

Tras concluir este año funesto/bisiesto 2020 y aun atrapados en un estado de alarma y un semiconfinamiento del que no sabemos cuándo saldremos, es un buen momento para recapitular y hacer síntesis y balance de lo que hemos vivido este extraño año. Para muchos es un annus horribilis, el peor año imaginable, para los privilegiados es un año sabático, pero, sin embargo, para otros es una crisis que, como tantas otras, presenta una gran oportunidad para la reflexión y el cambio de nuestro modelo económico o nuestro rumbo espiritual.

En un comienzo era muy difícil escribir nada con retrospectiva y ponderación sumidos en l perplejidad como estábamos al ver, confinados en nuestras casas al inicio o, ahora, tras el crepúsculo, las calles desiertas como si nos hubiera caído una bomba de neutrones. Estábamos inmersos en una situación surrealista con la que nadie, salvo los autores de distopías fantásticas, hubiera soñado. ¿O quizás era ahora cuando despertábamos de un bello e ingenuo sueño en el que creíamos que toda la naturaleza estaba bajo control y que éramos prácticamente inmortales o lo seríamos muy pronto? No sabíamos cuál era la diferencia entre soñar una cosa y pensar que era real o haberla vivido y creer que se trataba de un sueño.

Después, fue tal la avalancha de informaciones contradictorias e inveraces, tanto el miedo generado, tal el desconcierto general y propio, tal la polarización de nuestras propias ideas y la irritación a las que hábilmente y sin que nos percatemos nos someten los algoritmos de las redes sociales, que cada vez se hacía más difícil entender qué estaba pasando o dialogar sosegadamente con los amigos contrastando opiniones dispares.

Ahora mismo, en este reconocido y reconocible cambio de Era, todo el planeta parecería estar aún de fantasmagórico parto, como inseminado por el ser más pequeño que lo habita, un virus. Lo llaman el “Gran Reinicio”. Pero, no obstante, si recapitulamos sobre estos 9 meses de gestación que hemos vivido en Europa, podemos tratar de resumir los enfoques con los que se ha intentado comprender la Pandemia con las siguientes seis C:

-Casualidad o coincidencia: Es la tesis inicial y aun la más extendida. El virus se habría propagado a los humanos procedente de algún murciélago a través de algún animal huésped intermedio como el pangolín (primitivo mamífero con escamas) u otro como el mapache japonés (hay incluso varios chistes sobre los presuntos animales “culpables”) quizás consumido o adquirido en el mercado de la ciudad china de Wuhan en algún momento a finales de 2019.

Ello habría ocurrido así dado que más del 70 % de las infecciones nuevas de los últimos cuarenta años han sido zoonosis, es decir, causadas por bacterias, virus, hongos o parásitos que se transmiten de animales a humanos.

El nuevo virus es muy contagioso, pero puede tardar hasta un par de semanas en manifestarse y no es tan mortífero como el ébola, el MERS o la propia gripe del 1918 o H1N1, por lo que puede expandirse con mucha más facilidad como así ha hecho por todo el planeta. Esa rápida y generalizada transmisión lo ha hecho mucho más letal (lo que se recrudecerá aún más con la llamada nueva cepa inglesa. Según transcurrían los meses, las teorías fueron creciendo en proporción inversa a las certezas y acabó por concluirse que no había ninguna evidencia de que el SARS-CoV-2 hubiera surgido directamente de esta especie ni de ninguna otra y que podía haber procedido de una mutación transmitida de humano a humano pero el tema sigue sin estar claro.

En todo caso, todo ocurrió por una fatal coincidencia de la que saldremos, según los partidarios de esta posición, como lo hemos hecho de otras pestes gracias a una combinación de medicamentos, vacunas y la consecución de la feamente llamada inmunidad de rebaño cuando casi todo el mundo lo haya superado de una manera u otra.

Para la mayoría de los partidarios de esta posición, los gobiernos, la OMS y todos los responsables de la salud pública lo han hecho más o menos bien, con mensajes muy contradictorios en el tiempo, pero siempre con la mejor voluntad y corrigiendo de rumbo según llegaban nuevas informaciones.

A este grupo pertenece la mayor parte de la población mundial que espera que esto no sea más que un susto y se pase muy pronto. Para contradecirles, ya se ha erigido como portavoz el archimillonario y filántropo Bill Gates quien, con conocimiento de causa en el área como donante importantísimo a la OMS y al movimiento de vacunación en el mundo, quien hace ya meses dijo que de este problema no se saldrá hasta bien entrado el 2021 y que las pandemias por virus se harán más frecuentes con la globalización -un bufete de abogados conocido está felicitando directamente el año nuevo 2022 (sic)-. También desmienten el optimismo popular los gobiernos que no hablan de retorno sino de “nueva normalidad”.

-Causalidad. Teoría aparentemente contraria a la anterior pero que quizás no lo es tanto. Poco después de decretarse el primer gran confinamiento apareció entre el aluvión diario de WhatsApps uno bastante bello en francés en el que un niño pequeño entabla un dialogo con su papá para preguntarle qué estaba pasando. El padre le explica que todo lo que ocurría obedecía a causas desencadenadas por el hombre como por ejemplo la sobreexplotación de la naturaleza, el cambio climático que favorecía la propagación de los virus y microorganismos dañinos, la practica extinción del pangolín originado por crueles depredadores humanos ya que debido a la gran demanda de su carne como alimento y a sus escamas de queratina para su uso en medicinas tradicionales orientales, son los mamíferos silvestres más cazados y traficados del mundo, etc. Muchos ecologistas se han congratulado de que la pandemia haya servido para prohibir en China el tráfico de vida silvestre, cerrando los mercados en los que se venden animales salvajes vivos.

Al final se descubre que el niño es el propio virus y su genitor una especie de “dios” de corte moralizante panteísta. O la diosa Gea de la New Age, una diosa madre personalizada y rediviva, más limpia y bucólica que nunca, una naturaleza que sigue su curso impávido indicándonos con crudeza que quizás después de todo no le hacemos ninguna falta y que le sobra nuestra insaciable y rapaz codicia explotadora … un ser diminuto, de los más pequeños de la Creación ha puesto en jaque toda nuestra organización social, tal vez nuestra misma frágil existencia sobre el planeta. ¿Si se extinguieron los neandertales, por qué no nosotros?

Hay tantas causas como visiones del mundo tenían o tienen las que las defienden, aunque la mayoría comportan una culpabilización autoflagelante de los humanos. Así por ejemplo, para los detractores de la globalización rampante que vivimos la culpa habría sido del ávido tráfico capitalista de personas y cosas sin ningún límite ni control incluso proviniendo de una zona seriamente afectada y confinada, pero para sus contrarios la causa sería la practica incapacidad de los Estados y de los nacionalistas para copar con una pandemia global y la necesidad de reforzar los organismos sanitarios de prevención y tratamiento tanto a nivel continental (propuesta de creación de una Unión Sanitaria Europea) como mundial (dotación de poderes supranacionales a la OMS o su organización sucesora como embriones de gobierno mundial). Para los privatizadores a ultranza, el responsable es la incompetencia en la gestión de los Estados y para sus contrarios la culpa fue de los que reducían el gasto publico médico o privatizaban los hospitales. Los remedios para la solución del problema, para unos y otros, son justamente los opuestos.

En suma, esquilmábamos los recursos de la Tierra y pareciera que ésta, para recuperarse, nos ha condenado a todo un forzoso año sabático, como si se tratase de una especie de autodefensa ha detenido todas nuestras actividades, limpiado nuestros mares, ríos y bosques y pausado el cambio climático. Gracias a este minúsculo enemigo que ni siquiera es un ser vivo y mide aproximadamente una milésima de un milímetro, estamos todos atrincherados a la defensiva esperando el parte de guerra oficial de las bajas causadas por ese adversario evanescente, invisible y misterioso. Exactamente igual que el enemigo intangible de la novela de anticipación, que no de ficción,”1984”.

(continuará)

José Félix Merladet