Cuando lo blanco lo cubrió todo, por Julio Ariza

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No, no hablo de una gigantesca operación de marketing del Real Madrid. 

Cuando la nieve cubre la vida, lo iguala todo, oculta a nuestros ojos los colores, la blancura nos envuelve e ilumina y serena el alma, es tiempo de pensar y de escribir…

Los meses de pandemia, y estos días de colapso y bloqueo, nos han obligado en el Toro TV a hacer un esfuerzo para poder seguir cumpliendo con nuestro compromiso de acompañar, formar e informar a todos nuestros espectadores.

La realidad social, periodística y política que nos encontramos cada día cuando preparamos nuestros programas nos obliga a extremar el rigor por conseguir que reluzca lo evidente: aborto, educación y eutanasia han sido los más recientes caballos de batalla de nuestra reflexión y crítica.

Desgasta y deprime mucho tener que tragar ese “mi cuerpo es mío y yo dispongo de él” usado como argumento de autoridad para imponer el aborto o la eutanasia,y que no se les mueva un músculo defendiendo el contradictorio “tu salud, tus hijos y su educación no son tuyos sino del Estado”.

Pero, ¡tranquilo!, que la escuela y las vacunas corren de nuestra cuenta lo quiera tu cuerpo o no. Te permiten matar o matarte, pero ¡ojo si decides no vacunarte!

Juegan con estos eslóganes para considerar el aborto un derecho y para tutelar legalmente la eutanasia. Los mismos que defienden este razonamiento quieren imponer la vacunación obligatoria rompiendo cualquier criterio de lógica más elemental.

Objetan que, en el caso de la vacunación,no hacerlo produce perjuicios a terceros y al mismo tiempo reconocen que la persona vacunada transmite igualmente la infección.

Esta siniestra totalitaria no va a permitir que la razón, la verdad o la realidad les estropee la siembra de sus mensajes sectarios.

Siempre considerando la violacion de la vida o la libertad como objetivos, convirtiendo en víctima a la dignidad humana, tratando al derecho y la ley natural como enemigos a batir y arrancando a Dios de la vida de las gentes.

Sentimos estos días muy especialmente el peso de esta constante batalla contra tanta basura ideológica. Los “media” han extendido estos arquetipos de muerte y férreo control de las conductas hasta el último cerebro de los ciudadanos, como la nieve ha llegado hasta el último rincón de nuestras calles.

Produce una tristeza inconmensurable comprobar la carencia completa de espíritu crítico y de la más mínima lúcida reflexión en los grandes medios de información sobre cualquier asunto que no pueda considerarse política y socialmente “correcto”.

La instalación de un verdadero programa informático o sistema operativo en las mentes de millones de personas está convirtiendo a la sociedad en una masa informe y deprimida incapacitada para cualquier respuesta o reacción a los constantes atentados a su libertad o su dignidad. La mascarilla mantenida tapando nuestros rostros hasta en situaciones de absoluta soledad se ha convertido en un verdadero símbolo de lo que está ocurriendo con nuestras mentes y nuestros corazones.

Cuantos más derechos dicen atribuirse y defender, más libertades fundamentales te están robando.

Cuando con el aborto proclaman estar defendiendo a la mujer en realidad le están matando su fertilidad, su futuro y su alma, al mismo tiempo que la convencen para matar la vida de su hijo.

Cuando aprueban las leyes de eutanasia y exhiben orgullosos como defienden tu derecho a no sufrir, a no tener dolor, en realidad están tratando de asegurarse de que ninguna esperanza eterna puedes tener. Quieren, como Lucifer, matarte para siempre.

Siempre el mismo crimen contra la razón, convertir lo Absoluto en relativo y lo que es relativo y mudable en Absoluto.

Siempre los mismos objetivos: esterilizar cuerpos y mentes, aislar al ser humano, despojarle de su sed de Eternidad, para convertirlo en esa “Sartriana” pasión inútil que se regocija en enviar espíritus al averno.

Frente a tanta desolación siento la alegría y la esperanza de comprobar cómo surgen esos nuevos “locos”, personas formadas, audaces, valientes y tenaces que no soportan ser reducidas a la condición de esclavos y pelean noblemente por su libertad y la de todos. La alegría de poder seguir haciendo la televisión que queremos y que quieren los que nos siguen.

Cuanto más grandes, poderosos y malvados son los adversarios, más fuertes se vuelven quienes defienden las causas justas.

Mientras estos hombres y mujeres continúen en la lucha, y sé que lo van a hacer, arriesgando reputación, vida y hacienda, podremos seguir soñando con dejar un mundo mejor a nuestros hijos y nietos. Si ellos perseveran otros muchos se acabarán uniendo a su batalla, a nuestra batalla. Y sólo por eso ya vale la pena seguir viviendo y sonriendo…

¡Feliz domingo!