Cuando los parásitos mandan, por Miguel Leopoldo García Peña

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Por Miguel Leopoldo García Peña

Imagen del parásito Giardia que, a pesar de mostrarnos una cara sonriente, provoca todo tipo de trastornos intestinales, fatiga, debilidad y pérdida de peso. Moraleja: Aunque sonría y parezca simpático y amigable nunca te fíes de un parásito.

¿Se imaginan a un parásito dirigiendo a su víctima y tomando decisiones en su nombre? Sin duda, resultaría divertido ver en una película de dibujos animados a un perrito bobalicón, que podríamos llamar Bobo, dejándose guiar por las ocurrencias de las pulgas, piojos y garrapatas que viven en él.

Imagínense unos fotogramas donde estos oportunistas y taimados animalitos le susurrasen al oído a su transporte gratuito, cero emisiones y peluda fuente de alimentos todo tipo de órdenes:

  • ¡Corre! ¡Para! ¡Ladra a ese! ¡A ese no!

Hasta podríamos fantasear con algún díscolo iluminado:

  • ¡A la derecha! — ordenaría una pioja verde muy motivada (todo muy feminista en Mundo parásito)
  • ¿Quién ha dicho derecha? — preguntaría otra pioja enfurecida
  • Yo — respondería tímida la primera sin entender qué pasaba (cosas de las leyes de educación)
  • ¿Eres tonto, tonta, tonte o vas por libre? — le preguntaría airada otra destacada pioja
  • Ese color verde no me gusta. Creo que … ¡Tenemos una espía en nuestro perro! — gritaría dando la alarma una pulga roja, muy roja, no solo de ira sino también de la enorme cantidad de sangre que no dejaba de succionar al pobre perro bobalicón.

Sin apenas poder moverse, ni querer hacerlo (hay clases y clases), la oronda chupona roja animaría a las demás contra la rebelde.

  • ¡A por ella! — gritarían las voraces y autoritarias garrapatas. Ahí terminaría la aventura de la pioja verde y su pensamiento innovador y revolucionario. Aquello, sin duda, sería un aviso para navegantes y si quedaba alguna otra pioja con inquietudes saltaría del perro a la espera de otro can menos infestado de parásitos e intolerancia. Probablemente esto explique el dicho: “Eres más raro que un piojo verde”.

Sin embargo, cuando uno se aleja de Disney y regresa a la realidad la cosa ya no tiene ninguna gracia. El ser humano, al igual que los países, pueden sufrir la infestación de tres tipos de estos ruines parásitos:

  • Protozoos: organismos unicelulares que se multiplican dentro del cuerpo, de un país o de un Estado, causando fatiga, debilidad y pérdida de peso. Estas criaturitas tan elementales no son difíciles de encontrar, pero no debemos dejarnos engañar por su simpleza, ya que el peligro reside en su número y se multiplican exponencialmente al calor de las moquetas de despachos, edificios públicos y centros de poder.

Los parásitos jefe reclaman mucho los servicios de los protozoos por diversos motivos:

  • Fidelidad ciega, a cambio de migajas y grandes promesas
  • Ausencia de ideas propias, lo que hace que no cuestionen las suyas
  • Gran capacidad para retener y reiterar incansablemente ideas y eslóganes cortos. Son grandes papagayos y amigos del menos es más. Entre las palabras clave que mejor asimilan y retransmiten están: Franco, facha, fascista, machista, homófobo, racista, ultraderecha y otras de pocas sílabas. Asimismo, ante cualquier pregunta o contraargumentación compleja saben que solo deben reiniciar la cantinela. Nunca falla.
  • Su facilidad para ofenderse y acudir a la violencia verbal y física, esto siempre desvía la atención y asusta al contrario. Además, en su favor diremos que es una verdadera malignidad plantear cuestiones o utilizar razonamientos superiores ante estas pobres criaturitas.
  • Helmintos: también conocidos como gusanos que, más complejos que los protozoos, llegan a desarrollar algún que otro pensamiento superior. Entre sus rasgos principales destacan su enorme ego, sus grandes ínfulas, su ausencia total de honorabilidad, respeto y moral y, por último, unas aspiraciones insaciables que no caben dentro de sus blanditos y rechonchos cuerpecitos reptantes. Respecto a su interés por la formación o a la detección de inquietudes intelectuales aún no se han descubierto en estos seres. Seguiremos investigando, no perdemos la esperanza.

Entre los helmintos la sanguijuela es la reina. Pocos países para tantas reinas.

Finalmente, pero no menos importantes, están los….

  • Ectoparásitos: organismos capaces de vivir durante mucho tiempo agarrado a la piel de su víctima alimentándose de ella. ¿Les evoca alguna imagen esta precisa definición científica?

Estos parásitos son la élite, los más evolucionados, la créme de la créme de Mundo parásito: garrapatas, piojos y ácaros. Son los más carismáticos, poderosos y mediáticos, pero no hay que dejarse engañar por sus palabras y su lenguaje corporal; todo es mentira. Puro teatro (recuerden la moraleja del inicio).

El parásito, quiero pensar, no nace, se hace. Y tanto ha cambiado el mundo que campan orgullosos tratando de heredar la tierra. Controlan los medios de comunicación, las grandes multinacionales, los Estados y hasta tu propia vida. Te dicen qué pensar, qué comer, dónde ir, cuándo salir, a quién votar, qué aprender … Se va acabando el tiempo para revertir esta tendencia; es imperativo despertar y levantar la voz. Ya no valen las medias tintas. Hay que mojarse. Desechemos a los políticos veleta, a los cobardes, a los incapaces, a los vendidos, a los impostores, a los falsos, a los engreídos, a los que anteponen sus intereses personales a los del país y sus ciudadanos, a los que, directamente, no tienen principios, honor ni valores. Expulsemos a los que mienten y dividen, a los amigos de la estrategia y los pactos clandestinos que rompen países, a los que siembran discordia entre hermanos y compatriotas y, como no, a los que hace tiempo abandonaron el camino recto y el discurso claro, centrados solo en las estadísticas y el interés de lobbies solventes. En definitiva, llegó la hora de apostar por políticas a largo plazo y por políticos capaces de llevarlas a cabo. Sin miedo. Sin complejos. Sin ataduras. Es el momento de unir, de desparasitar y devolver la esperanza a España y a tantos otros países agotados por esta lacra. Ya no es un derecho, ahora es una obligación.