Exposición en Bilbao

Bilbao evoca a De Echevarría, de «falso» ingeniero a la vanguardia del arte

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El Museo de Bellas Artes de Bilbao ha reunido en una sala una selección de obras de Juan de Echevarría y ha acogido la presentación de una publicación sobre este artista, que abandonó una prometedora carrera como ingeniero para dedicarse a la pintura y situarse a la vanguardia del arte en España en las primeras décadas del siglo XX.

Juan de Echevarría Zuricalday (Bilbao, 1875-Madrid, 1931), que inicialmente se relacionó con artistas como Losada, Iturrino, Guiard y Regoyos, contactó en París con el escultor Francisco Durrio y, tras nutrirse en la capital francesa de las primeras tendencias del arte contemporáneo, adquirió notoriedad en el «expresionismo fauve» español, especialmente por sus naturalezas muertas, paisajes y retratos de escritores de la Generación del 98.

Verónica Mendieta, sobrina nieta del pintor, ha dedicado dos décadas de documentación e investigación para elaborar una biografía y «catálogo razonado» de Juan de Echevarría, el más completo estudio realizado sobre este artista, considerado uno de los más importantes del panorama artístico español anterior a la Guerra Civil.

Además de acoger este viernes la presentación de esta publicación, el Bellas Artes de Bilbao ha reunido en una sala una selección de 10 de las 13 obras de Echevarría con las que cuenta esta pinacoteca.

La autora ha explicado en la presentación de su obra que Juan de Echevarría desarrolló un distintivo estilo de refinado cromatismo y un expresionismo «heredero del legado de Goya o El Greco en la fuerza emocional de sus figuras» y del ideario del francés Matisse en la búsqueda de la expresión a través del color.

La publicación incluye un estudio exhaustivo de su obra acompañado del catálogo razonado de toda su pintura, con 342 óleos, 70 dibujos y 2 grabados. Mendieta ha detallado que «un número no pequeño de cuadros falsos ha circulado por el mercado».

Juan de Echevarría Zuricalday, nacido en una familia de la alta burguesía bilbaína, se formó como ingeniero y estaba predestinado a seguir los pasos de su padre, Federico de Echevarría, quien participó en la creación de Altos Hornos de Vizcaya, pero la muerte de su madre, Felipa Zuricalday, en 1902, convulsionó a la familia y Juan decidió romper con su «falsa vida» en la industria -como él la definió- y dedicarse de lleno a su vocación por la pintura.

Descubrió en París el color de Cézanne, Van Gogh y Gauguin, junto con el de Matisse, y de la mano de Durrio y su amigo Iturrino se introdujo en el círculo de artistas españoles, en los que estaban Picasso, Zuloaga, Sunyer o Anglada-Camarasa.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial regresó a España y se estableció en Granada, donde hizo sus emblemáticos cuadros de gitanas. En 1916 celebró sus primeras exposiciones individuales en la Asociación de Artistas Vascos de Bilbao y dos años después se instaló definitivamente en Madrid.

Una muestra individual en la sala de los Amigos del Arte en Madrid, en 1923, que también viajó a Bilbao, supuso la consagración definitiva de Echevarría en la capital española.

Para entonces Juan de Echevarría se había convertido en una especie de «pintor de cámara» de la Generación del 98, con sus retratos de escritores como Pío Baroja, Valle-Inclán, Azorín, Ramiro de Maeztu o José María Salaverria, con quienes compartía tertulia en los cafés de Madrid. También son célebres sus retratos de Unamuno, a quien visitaba en su exilio voluntario en Hendaya.

Junto a estos retratos y los cuadros de gitanos, en las pinturas de Echevarria destacan especialmente sus naturalezas muertas provistas de floreros, jarrones de cerámica y frutas. También hizo paisajes, entre ellos de Bilbao, Ondarroa (Bizkaia), Pampliega (Burgos) y Oiartzun (Gipuzkoa).

Con formación musical, Juan de Echevarría acostumbraba a tocar el piano antes de ponerse a pintar y falleció en 1931 a los 56 años en Madrid, tras un infarto que sufrió cuando presenciaba una final de Copa entre el Athletic y el Betis, según ha recordado su sobrina nieta.