Por Javier Villamor

David contra Goliat, ¿o es al revés?

Fuente: Seabranddesign.
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La lucha por la libertad de expresión en un mundo donde los derechos ya son papel mojado al servicio de cualquier poder político-económico me recuerda al enfrentamiento entre David y Goliat. No hace falta decir que el pueblo despierto es David y Goliat es ese poder rodeado de complacidos sirvientes.

No es nuevo el hecho de que todo poder totalitario pasa por el establecimiento de un discurso único y dominante por encima de cualquier discrepancia. Para ello se establece la censura directa o indirecta. 

Llevamos décadas escuchando lo maravillosas que eran ciertas revoluciones como la sexual acontecida desde el fatídico mayor del 68. Esa revolución, creada en laboratorio con el objetivo de convertir a generaciones de jóvenes con ganas de cambio en esclavos de un sistema que después explotaría los impulsos primarios para vender sus productos (y lo sigue haciendo), se anteponía al “puritanismo” de las épocas anteriores. Nos venían a decir que el hombre estaba reprimido sexualmente y que había que “liberarlo”, o eso pensaron muchos.

Hoy, el nuevo puritanismo es protagonizado por aquellos que antaño enarbolaron la bandera de la revolución contra el supuesto estatus quo previo. De oca a oca y tiro porque me toca. Los “apologetas” de la libertad sexual, de expresión, de conciencia y de un largo etcétera han comprado el mensaje de que para defender la “democracia que nos hemos dado” es necesario censurar, asfixiar al disidente. 

Los que no opinan como manda el sistema son fascistas peligrosos, terroristas potenciales (Minority Report ya nos avisó de esto), homófobos, tránsfobos… Y por lo tanto tienen que ser exterminados. La diversidad, esa despreciable palabra en boca de algunos que la pronuncian como si fuera un conjuro mágico al estilo Beetlejuice, solo existe para aquellos que hablan como mandan los cánones sin darse cuenta de que eso es, precisamente, lo contrario.

El poder (Goliat) siempre ha existido y ha hecho lo posible para perpetuarse. El pueblo (David) siempre ha existido y ha hecho lo posible para sobrevivir a pesar de ese poder. Lo que estamos viviendo desde hace apenas unos años es una huida hacia adelante de aquellos que fueron descubiertos con las manos en la masa al darnos cuenta de que estaban usando las herramientas democráticas para subvertir los sistemas políticos y aprovecharlos en su beneficio. Es lo que la autora alemana Gabriele Kuby definió como “la destrucción de la libertad en nombre de la libertad”.

El poder ha pervertido los conceptos, ha manipulado las mentes al romper la relación entre significados y significantes. Mundo orwelliano este donde la guerra es la paz

El Goliat que todos pensamos es más grande, más fuerte, tiene todas las herramientas y el monopolio de la violencia al dominar los Estados con peones colocados en todos los engranajes del sistema de poder para protegerse a sí mismo. 

La nueva caza de brujas es contra David, y al igual que antaño muchos estaban a favor con esas persecuciones, hoy ocurre lo mismo con los que nos consideramos disidentes sin complejos.

Yo me pregunto si David puede convertirse en Goliat y viceversa y que haya otro fin muy distinto al de la historia que ya conocemos. El poder se mantiene gracias a convencer a una masa crítica de que no hay solución fuera de él. De que la libertad da vértigo y que mejor se está viviendo como se nos dice. 

Muchos se están dando cuenta de que los cantos de sirena sonaban muy bien, pero nos llevaban a los acantilados para hundir nuestros barcos. Nunca es tarde si la dicha es buena

Es momento de reflexión, de unión y de actuación. No olvidemos que en la otra vida no se nos pedirá el recuento de las victorias, sino el número de cicatrices que tenemos por haber dado batalla tras batalla.