EDITORIAL

Del separatismo a la izquierda: El menor de Canet y el hijo de Ana Rivas. Por Julio Ariza

|

Dos acontecimientos han zarandeado el corazón de los españoles de bien: el acoso al menor en Canet de Mar y lo que desvela la resolución judicial que impide la salida de prisión de Juana Rivas por grave riesgo para uno de sus hijos.

El acoso intolerable a un menor y a su familia deja al desnudo la realidad de la Cataluña del apartheid lingüístico y del totalitarismo supremacista. Estos hechos cuyas imágenes televisivas recuerdan al Ku Klux Klan, ponen a Cataluña ante su propio espejo: la de una sociedad fanatizada e intolerante capaz de desatar una campaña de acoso contra un menor de cinco años y su familia por el hecho de que una sentencia les garantiza recibir un 25% de la enseñanza en español. No cabe disculpa, ni argumento, ni justificación, y me temo que estas imágenes le quitan al separatismo la capucha ante el mundo. Bajo esa identidad de la estelada ya puede ver Europa el verdadero rostro del monstruo.

Cataluña se ha convertido en un sitio donde es difícil vivir con libertad. Un lugar en el que la única libertad que todavía puede, de cuando en cuando, respirarse, es residual y  llega siempre de España.

El acoso de todos esos padres y vecinos de Canet de Mar a un menor de cinco años y a su familia -da igual por qué- pone de manifiesto el grado de intolerancia, de fanatismo, de ceguera, de odio y de crueldad al que ha llegado esa sociedad completamente enferma. ¿Que hay en la cabeza de toda esa gente para pasar por encima de los derechos de un niño y de su familia y lanzarse colectivamente a un linchamiento moral en redes sociales, pidiendo el apedreamiento del menor, la expulsión de Cataluña de la familia entera y señalándoles públicamente -domicilio incluido- como seres de la peor especie?

No existe una sola sociedad en el mundo civilizado en el que esté pasando algo similar a lo de Canet de Mar, un lugar que pasará a la historia por el bochorno de estos días.

Cataluña es culpable. El gobierno de España es culpable. La Generalitat es culpable. El separatismo es culpable.

El otro asunto es el de Juana Rivas, el icono del falso feminismo de la izquierda española. Ahora hemos sabido, con enorme estupefacción, que uno de sus hijos menores, mientras estaba a su cargo, fue violado. Hemos sabido que fue el colegio al que acudía el niño el que tomó la iniciativa para averiguar lo que le estaba ocurriendo al menor, el que le llevó al médico, el que instó su exploración y el que advirtió a la madre de la gravedad terrible de los hechos.

Juana Rivas -ya separada y con una nueva vida sentimental- ni presentó denuncia ni realizó averiguaciones sobre los hechos. Ahora hemos sabido, gracias al juez que ha negado la salida de prisión de Juana Rivas, que existe un informe pericial estremecedor sobre los hechos. Y que por esa razón el juez no se fía de Juana Rivas, de sus facultades, vigilancia y cuidados como madre.

El gobierno hizo de Juana Rivas una bandera del feminismo de la izquierda y la indultó en loor de multitudes mediáticas:  a una madre que había secuestrado a sus hijos a los que, al parecer, según el juez, tampoco atendía adecuadamente.

El caso de Juana Rivas es moralmente repugnante pero pone de manifiesto el nivel de putrefacción al que ha llegado la izquierda española.

El niño de Canet de Mar y el hijo de Juana Rivas. Dos asuntos de extrema gravedad: ambos afectan a niños y los dos son aberrantes; de ambos son  políticamente responsables los socios del gobierno de España: en un caso, los independentistas catalanes; en el otro, la izquierda. Y la víctima es siempre el más indefenso.