Ya no cuela

Democracia y demografía. Por Carlos Esteban

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Cuando existía esa cosa llamada ‘pirámida de población’, uno podía confiar en que las peores tendencias tenían los días contados, y no eran tantos. En una estructura demográfica sana, de esas que garantizan la supervivencia de un pueblo, los viejos son pocos y los jóvenes, muchos. Eso permite mantener un Estado del Bienestar sin excesivo esfuerzo, pero también asegura que las nuevas generaciones, sin la inercia y las lealtades petrificadas de las antiguas, propongan otras cosas en sustitución de las que fallan.

Pero el principal factor de cambio sociológico del que pocos hablan, el pavoroso envejecimiento de nuestras sociedades, hacen que ese recambio no se produzca, porque los veteranos seguimos siendo mayoría y ocupamos los puestos de poder en todos los ámbitos. Y en un país como el nuestro, renombrado desde la antigüedad por su devoción a muerte a un líder -la ‘devotio hispanica’- eso significa una pervivencia del voto a los míos, hagan lo que hagan, porque también se vota con el recuerdo.