Demoledor artículo del arzobispo de Oviedo contra los indultos

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“Se indultan los intereses construidos desde el diseño egoísta e insolidario de quien se aprovecha tan sólo de su propia causa engañando, forzando, manipulando, insidiando y dividiendo. Pero no se indulta la vida del no nacido a cuyo asesinato en el seno de su madre se aspira a que sea un derecho, ni la vida del enfermo o anciano terminal al que se permite acabar con su vida eutanásicamente en lugar de cuidarla con respeto. cariño y consuelo con las medidas paliativas y espirituales, ni la educación de nuestros más jóvenes sustrayendo ideológicamente la responsabilidad de sus padres”, ha escrito el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, en un artículo publicado en La Tercera de ABC.

Sanz Montes habla de “la calculada ambigüedad” con la que en estos días vemos que se trata el asunto de los indultos. Para el prelado los indultos que un gobierno puede estudiar y, eventualmente, conceder “tienen un itinerario que es claro en nuestro ordenamiento jurídico dentro de un Estado de derecho como es España”.

“Y no se pueden arbitrariamente conceder o negar desde un caprichoso uso y un interesado cálculo que no tiene que ver con las palabras manidas en este festival de una extraña piedad, apelando a sentimientos sagrados y enormemente delicados, para venir a la postre a tapar los verdaderos motivos que se exhiben impudorosamente desde una pretendida magnanimidad”, afirma el arzobispo de Oviedo.

Estamos en una época, asegura Sanz Montes, “en la que las palabras son continuamente robadas para volcar una verborrea vacía que de tanto repetirla ya no nos dice nada”. “Son un ‘flatus vocis’ como decían los clásicos, y que en la tradición medieval indicaba la acción de emitir palabras huecas y sin sentido, en un hablar por hablar parloteando para no decir absolutamente nada a sabiendas”, añade.

“Cuando se invocan el diálogo la magnanimidad la reconciliación, la tolerancia. las medidas de gracia, no siempre se quiere decir lo que esas palabras significan en su recta comprensión verbal e incluso en la genuina tradición cristiana, sino que a veces pueden señalar algo ambiguo, escurridizo y falaz”, señala el prelado madrileño.

“Es extraño invocar el diálogo con los que no quieren hablar, o tener magnanimidad con quienes la van a usar y tirar. o empeñarse en la reconciliación con los que siguen insidiando con saña y dividiendo sin rubor. o abogar por la tolerancia con quienes no renuncian a la violencia, o apelar a medidas de gracia para beneficio de los que ni las piden ni las merecen por su amenazante actitud de reincidencia. Digo que es extraño y también culpable, porque no resulta un atrevimiento ingenuo, ni una bondadosa inocencia”, escribe el arzobispo.

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