Deshumanizados y sin rostro, por Carlos Esteban

Miles de manifestantes durante la concentración convocada por la plataforma Unión 78 en la Plaza de Colón de Madrid, para mostrar su oposición a los indultos a los condenados separatistas. EFE/David FernándezMiles de manifestantes durante la concentración convocada por la plataforma Unión 78 en la Plaza de Colón de Madrid, para mostrar su oposición a los indultos a los condenados separatistas. EFE/David Fernández
|

Y vio Amán que Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba delante de él; y se llenó de ira”.

El poderoso vocacional se enfrenta a un dilema, y es que tiene que halagar y cortejar a la plebe para lograr el poder y mantenerlo, y al mismo tiempo desea fervientemente, porque este es el gran gozo del poder, dejar claro al súbdito que está por encima de él, en otro plano.

Las selecciones de fútbol europeas deben arrodillarse antes de empezar los partidos porque un delincuente habitual negro con sobredosis de fentanil murió a manos de un policía en Minneapolis, algo de en lo que no ha tenido arte ni parte ningún jugador de la competición. Pero todos, absolutamente todos, sabemos que no se arrodillan por la muerte de George Floyd, que no importa a nadie, ni se les obliga a arrodillarse por ello, sino que es un signo de su sumisión a la ideología dominante. Se les envilece así para adiestrarles a ellos y a todos en la obediencia perruna.

Ayer en Colón se manifestaron miles, no entraré en cuántos, pero estoy casi absolutamente seguro de que una abrumadora mayoría de los que allí estaban lo hacían por la unidad de España y contra los desafueros del socialista Sánchez. Pero, como señala el gran Hughes en ABC, los organizadores se permitieron “hacer discursos pulcros, mimimí y de incoloro civismo”. Sánchez puede reivindicar orgullosamente al totalitario mastuerzo Largo Caballero, pero la derecha es, como decía Oscar Wilde de la homosexualidad, “el amor que no se atreve a decir su nombre”. Citemos a Félix Ovejero y a Antonio Machado, no vaya a ser.

Es el peaje, las parias que paga la no izquierda a la izquierda con la mano de la humildad, como deben los dhimmis pagar la yizia a los creyentes. En ese sentido, la sombra de Sánchez planeó en la manifestación contra Sánchez.

Esta necesidad de dejar claro a la chusma que toda resistencia es fútil y que deben conocer cuál es su sitio se ha expresado en las fotos y vídeos del G20 que nos llegan de Cornualla. Hicieron su paripé de mascarillas y saludos con el codo como una sangrante burla, para luego arremolinarse unos con otros, tocarse y departir a cara descubierta mientras eran servidos por camareros (figura alegórica de cualquiera de nosotros) humildemente enmascarados con el preceptivo bozal, deshumanizados y sin rostro. Bienvenidos al futuro.