Iglesias vuelve para seguir enfangando

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Ser o no ser. Iglesias Turrión -el hombre al que Madrid cortó la coleta- aspira a seguir siendo sin ser. Su reaparición como tertuliano de medios de comunicación en manos privadas merece tres consideraciones.
La primera es que Iglesias se resiste a morir y piensa -desde su inconmensurable ego- que de la misma manera que la materia no se destruye sino que se transforma, él puede pasar de ser vicepresidente del gobierno en «a» (es decir, de los que tienen que ir la ministerio todos los días) a ser vicepresidente del gobierno en «b» (es decir, de los que ya no tienen que ir pero siguen mandando, que es lo que a él le mola) y perpetuarse así en el poder.
La segunda es que el gran inquisidor de las castas y de las puertas giratorias se ha convertido en el gran arquetipo de como llegar a ser casta y de como encastrarse ahí mediante las puertas giratorias. Este señor no ha vuelto a dar clase como profesor a la facultad, sino que se va a pasear por los medios para seguir enfangando la vida política nacional, ganar una pasta, claro, y mandar desde fuera. Pablo, presente.
La tercera es que Iglesias Turrión -le dicen, «el contertulio»- echó pestes sobre los medios de comunicación privados y, declarado firme partidario del monopolio informativo desde el sector público, llegó a afirmar que un sistema político con medios privados no era democrático. Y en esto, Turrión se incorpora a tres. Viva la coherencia, hombre.
Nos va a dar tardes de gloria.