Editorial. C’s debe disolverse

Editorial.
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Lo que nunca se debe hacer en política es el ridículo. Ciudadanos, que vino al mundo con vigor y nació de la necesidad política de que España existiera sin complejo alguno en Cataluña, se extendió al resto del país como una autentica virtud democrática. Era aire fresco, es cierto, pero muchos veíamos en Ciudadanos y en sus líderes lo que queríamos ver -más bien, lo que necesitábamos ver.

Aquel proyecto político, que estaba lleno de ideas y que se planteó como un desafío iconoclasta frente al nacionalismo  y al establishment catalán, ha terminado muriendo por la inconsistencia de sus líderes políticos. Tan consistentes fueron sus fundadores, irreverentes y afrancesados, como inconsistentes se revelaron poco después sus líderes.

Rivera, en lugar de tener la tenacidad para apostar por la Presidencia de la Generalitat o, cuando menos, para jugar a ser en nuevo emperador del Paralelo, quedó en seguida deslumbrado por la atracción de Madrid, y  abandonó Cataluña con el objetivo de suceder a Rajoy en la Presidencia de Gobierno de España. Cataluña se le había quedado pequeña.

Arrimadas, que llegó a ganar las elecciones en Cataluña, demostró que su proyecto personal tampoco era ganar y gobernar esa Comunidad, sino venir a Madrid tras los pasos de Albert. Y salió huyendo -como una adolescente- de la responsabilidad del poder.

Luego, Ciudadanos cometió el imperdonable error histórico -que tanto daño ha hecho a España- de presentar la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez al poder.

Tuvo que irse, pues, como consecuencia de un error estratégico articulado sobre una moción de censura.

También Inés ha seguido sus pasos y ha demostrado que son iguales en torpeza política.

Tras las últimas elecciones catalanas, Arrimadas cayó en la trampa de Sánchez y comenzó a participar en un juego de tronos, como si España fuera el Monopoli y ella la reina del país de las maravillas.

Muchos vieron en ellos lo que querían ver, no lo que eran: simples políticos adolescentes, poco formados, sin espina dorsal ni sentido de estado, egocéntricos y televisivos, dominados por una ambición desordenada de poder y bastante poco inteligentes.

Con ese saldo, el mejor servicio que ese partido podría hacerle a la democracia española es disolverse.  Que no se renueven. Que no cesen a Inés. Que no insistan ya más. Que se disuelvan.