EDITORIAL

Editorial. Okupas: de la movida comunista a la tragedia de Badalona

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Las «okupaciones» de viviendas no son más que asaltos a la propiedad ajena mediante el allanamiento de morada o la  usurpación. En España han aumentado a 11.793 casos comprobados. Las víctimas directas, las más de las veces pequeños propietarios y en ocasiones empresas, están totalmente desprotegidos por el sistema legal y la desidia judicial.

El problema es que lo que antes era una mera ilegalidad, es ahora, por mor de la acción política de Podemos, una manifestación ideológica y vital de la lucha anticapitalista protegida por partidos y medios de comunicación.

Dichas okupaciones tienen efectos perversos: se viola el derecho de propiedad, se instaura la inseguridad jurídica, se marginalizan los barrios, se incrementa la delincuencia, se producen fraudes en los suministros, se abandona a las personas a su suerte y las autoridades se inhiben del problema de la falta de vivienda para los más desfavorecidos.

Hay, como ya se sugerido, además de una ocupación por estado de necesidad, generalmente de bolsas de inmigrantes irregulares a los que, tras permitírseles la entrada en España se les abandona a su suerte, otra, quizás la más numerosa, que tiene carácter puramente ideológico y es la que realizan los colectivos radicales de la extrema izquierda y del comunismo libertario como expresión de su desafío a la propiedad, derecho que denostan, y de modelos de relaciones ligados a las comunas u otras maneras «alternativas» de convivencia o vida.

El hoy vicepresidente, Pablo Iglesias, animaba hace no tanto tiempo a todos los jóvenes a «okupar» como forma desafío al capitalismo y al derecho de propiedad. El mismo, al parecer, llegó a «okupar» en algún momento de su vida y antes siempre de asaltar los cielos galapagareños.

Ahora, la izquierda no tiene otra fórmula de gestión del problema que el mero consentimiento, con los riesgos que ello implica para la salud, la seguridad, el derecho y el orden púbico. Ayer mismo, el abandono de las autoridades culminó en el incendio de la nave okupada y ardida de Badalona, con dos muertos y numerosos quemados, en una situación reiteradamente advertida por los vecinos.

La izquierda llama siempre a las puertas de la tragedia.