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Y Atahualpa cayó preso en Cajamarca

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Tal día como hoy, 15 de noviembre de 1533, exactamente nueve años después de su primera navegación en busca del Perú, el conquistador Francisco Pizarro hacía preso al inca Atahualpa en Cajamarca. Con él caerá su imperio. En términos territoriales, es la mayor conquista jamás lograda por las armas españolas.

El Tahuantinsuyo, que así se llamaba el imperio incaico, abarcaba desde el actual Ecuador hasta el norte de lo que hoy es Chile, y desde el litoral Pacífico hasta las espesuras amazónicas y el altiplano de Bolivia. Un mundo inmenso habitado por numerosos pueblos que los incas, los amos del Perú, habían sojuzgado a sangre y fuego. Aquel imperio funcionaba sobre la base de un rígido sistema burocrático que controlaba absolutamente todo, desde la economía hasta la vida familiar, bajo la vigilancia de un poderoso ejército siempre dispuesto al combate. Pero aquel prodigio político, en el momento en que llegan los españoles, es ya un mundo en decadencia. Las grandes epidemias han empezado a hacer estragos. Y sobre todo, una encarnizada guerra civil devastaba el mundo incaico: los caudillos Atahualpa y Huáscar, hermanos, peleaban a muerte por el trono, y en su guerra no retrocederán ante el exterminio de los pueblos que han escogido el bando contrario.

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Pizarro vio lo que había y supo ganarse el apoyo de los pueblos nativos oprimidos por los incas: huancas, tallanes, etc. Así pudo avanzar con una exigua hueste desde la costa hacia el interior, hasta el mismísimo corazón del imperio. Atahualpa, sintiéndose en peligro, citó a Pizarro en Cajamarca, al amparo de una vieja ciudadela. La noche anterior al encuentro, decenas de miles de guerreros incaicos encendieron hogueras en los montes y prorrumpieron en cánticos que helaron el corazón de los nuestros. Después del amanecer apareció Atahualpa: no menos de 10.000 hombres y una lujosa cohorte de nobles acompañaban al inca, sentado en una litera de oro. Enfrente, 156 españoles barbudos y sudorosos, con un fraile dominico, una veintena de arcabuces, setenta caballos y unos cuantos falconetes ligeros, pero estruendosos. La aproximación fue pacífica, pero nadie ignoraba que todos acabarían con las armas en la mano. El fraile tendió a Atahualpa una Biblia. El inca la arrojó al suelo. Pizarro sacó la espada, apresó a Atahualpa y gritó: “¡Santiago!”. Y fue decir “Santiago” y entrar a descabello. Tronaron los falconetes, dispararon los arcabuces, los jinetes se precipitaron sobre la muchedumbre de indios y éstos, al ver que todo aquello ocurría con el Inca hecho preso, salieron de estampida. La batalla duró media hora. El Tahuantinsuyo se derrumbó sobre sí mismo.

Otros hechos:

687: Muere el rey visigodo Ervigio tras siete años de gobierno.

1573: El conquistador Juan de Garay funda la ciudad de Santa Fe, en la actual Argentina.

1747: Nace en Zaragoza el economista ilustrado Juan Larruga, autor de unas célebres “Memorias políticas y económicas sobre los frutos, fábricas, comercio y minas de España”.

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1974: España pone en órbita su primer satélite artificial: el Intasat del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA).