22 DE ENERO

El cura Merino aplasta a los franceses en Dueñas

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 Tal día como hoy, 22 de enero de 1810, la columna guerrillera del cura Jerónimo Merino Cob aplastaba a una división francesa en la localidad palentina de Dueñas.

Jerónimo Merino Cob era un sacerdote de convicciones muy tradicionales que se había echado al monte cuando los franceses de Napoleón ocuparon España. No hay que confundirlo con otro “cura Merino”, Martín Merino y Gómez, liberal, que colgó los hábitos y terminaría apuñalando a Isabel II. Este Merino nuestro, el cura Jerónimo, había nacido en Villoviado, Burgos, en 1769, en el seno de una familia campesina: típico cura de pueblo con más de labriego que de teólogo. Rozaba los cuarenta años cuando los franceses llegaron a Villoviado. Un regimiento gabacho pasa allí la noche entre saqueos y excesos. Al amanecer, el oficial francés constata que no tiene mulas para llevar los instrumentos musicales del Regimiento. Manda prender al cura del pueblo y carga sobre sus espaldas el bombo, los platillos, las cornetas. Ante los humillados ojos de los vecinos, el cura es forzado a llevar de esta guisa los instrumentos hasta Lerma, a diez kilómetros. Cuando queda libre, el cura escapa. Vuelve a Villoviado. Rasga su sotana, coge ropas de cazador y se procura una escopeta. Errante como una fiera, a los pocos días ve a unos soldados franceses; no duda en disparar y mata a uno. Se echa al monte con un criado y un sobrino. Pronto se le unen varios mozos del pueblo; después, otros jóvenes de la comarca. Así el cura se convirtió en guerrillero.

“Dios ha creado al hombre derecho y el hombre ante nadie debería humillarse”, dicen que dijo Merino. El cura entró en contacto con otro gran guerrillero, el Empecinado, que le ayudó a formar su primer contingente. Objetivo: castigar las comunicaciones del invasor. Era un asunto vital, porque por Burgos pasaban dos vías centrales de la logística francesa: la que conducía hacia el sur, a Madrid, y la que llevaba a Portugal, donde los de Napoleón peleaban contra los ingleses. La misión estaba clara: erosionar lo más posible las vías de abastecimiento francesas. Quizás aquel cura no tenía alma de apóstol, pero pronto demostraría que podía ser un tenaz cruzado. Después de varias hazañas fabulosas, logró aplastar a aquella división francesa en Dueñas cayendo sobre ella como una serpiente letal. Las bajas de los invasores ascienden a 1.500. Y era sólo el principio.

Merino terminó la guerra con el empleo de general y volvió a su pueblo para ejercer de párroco. Poco duraría el retiro, porque enseguida las guerras civiles que sacudirían España le hicieron hervir la sangre. Merino volverá al monte con los absolutistas, primero, y con los carlistas después. Pero esto es otra historia.

Otros hechos:

1188: Alfonso IX, rey de León. Será el último monarca de esa corona.

1921: El gobierno conservador de Dato implanta el seguro obrero obligatorio para todos los trabajadores. Dato morirá asesinado por pistoleros anarquistas apenas tres meses después. 

1926: Despega de La Rábida el hidroavión “Plus Ultra” con destino a Buenos Aires, el primer vuelo entre Europa y Suramérica.