2 DE OCTUBRE

El peor rey de todos los tiempos: Fernando VII

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Tal día como hoy, 2 de octubre de 1823, Fernando VII se presentaba ante Cádiz como rey nuevamente absoluto. El día anterior, 1 de octubre, había recuperado sus atributos con la intervención de un ejército francés.

 

El periplo político de Fernando VII es sencillamente escandaloso. Desde 1808 –antes, en realidad- venía conspirando contra su padre, Carlos IV. El Motín de Aranjuez le dio la oportunidad de hacerse con la corona. Pero los pactos con la Francia de Napoleón le dejaron sin ella, y entonces Fernando se dedicó a adular a Napoleón con un servilismo que causa bochorno. Pese a todo, las cortes de Cádiz le habían jurado como rey, de manera que la corona era suya. Eso sí: “mía y sólo mía”, debió de pensar él. Así que en 1814, recién liberado de su cautiverio francés, decretó nulos todos los acuerdos de las Cortes de Cádiz y restableció el absolutismo.

 

¿Un monarca de hondas convicciones tradicionales, pues? No. Seis años después, asustado por los pronunciamientos liberales en el seno del ejército, decidió hacerse liberal y dijo aquello de “Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”, y juró la Constitución gaditana de 1812. Pero tres años más tarde, molesto por no poder obrar a su antojo, conspiró con las monarquías extranjeras y organizó la entrada en España de un ejército francés, los “Cien Mil Hijos de San Luis” del Duque de Angulema, para que le repusieran manu militari en sus antiguas prerrogativas. Aquel acuerdo incluía entre otras cosas, por exigencia británica, el compromiso francés de no ayudar a España a recuperar su imperio americano. Así Fernando VII, vendiendo literalmente al país, pudo reinar de nuevo como monarca absoluto a partir de 1823 y, todo hay que decirlo, en medio del alivio popular, harto de guerra. Ahora bien, Fernando, lejos de poner orden en un país que se hundía en el caos, se dedicó fundamentalmente a reprimir a sus enemigos ideológicos, pero también a sus propios partidarios, provocando una escisión en los sectores tradicionales que en teoría deberían haberle apoyado. Para disgustar definitivamente a tirios y troyanos, en sus últimos años jugueteó con la sucesión, entre su hija Isabel y su hermano Carlos, abriendo el mapa para que estallase una guerra entre los partidarios de la una y el otro. Es difícil hacerlo peor.

 

Es muy difícil lanzar un juicio positivo sobre Fernando VII. De hecho, la inmensa mayoría de los historiadores, de todas las tendencias, coinciden en la condena. ¿Excesiva? No. Fernando VII fue un hombre que creyó que la corona era patrimonio personal suyo, y en esa convicción –de hecho, su única convicción- jugó con unos y con otros sin ser capaz de pensar el destino de España como algo distinto al suyo propio. Detrás de sí sólo dejó cenizas.

 

Otros hechos:

1814: Batalla de Rancagua: las tropas del brigadier Mariano Osorio derrotan a las fuerzas independentistas de O’Higgins en Chile. 

1928: Josemaría Escrivá de Balaguer funda el Opus Dei.