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San Isidoro de Sevilla

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Tal día como hoy, 13 de noviembre de 619, reinando Sisebuto en la España goda, se abría el II Concilio de Sevilla bajo la presidencia de Isidoro de Sevilla.

Cuando se habla de los godos siempre se incide en sus luchas por la corona, los asesinatos de reyes, las guerras de clanes… Pero lo realmente importante es esto otro: los godos fueron quienes mantuvieron la unidad de Hispania desde el fin de la antigüedad hasta la edad media. Aquí construirán un territorio unificado, una corona única, una religión común, un legado cultural y un derecho unificado. Dentro de ese legado, destaca de manera eminentísima san Isidoro de Sevilla. Isidoro, nacido en 560, era uno de los mayores sabios de su tiempo, el último de los grandes filósofos antiguos y padre de la Iglesia. Dominaba el latín, el griego y el hebreo. Enseñaba filosofía aristotélica en Sevilla mucho antes de que llegaran a España los árabes. Su obra cumbre, las Etimologías, fue la más reproducida en la Edad Media, después de la Biblia. Y San Isidoro fue uno de los primeros en darse cuenta de que esta España ya no era la Hispania romana, sino que había nacido algo distinto. Algo a lo que él se propuso contribuir reuniendo el gran legado cultural de Roma y dando forma doctrinal a la monarquía visigótica, con la Iglesia como poder moderador y los concilios como cortes que debían aprobar la legislación del reino. Que los reyes estuvieran a la altura de las circunstancias ya es harina de otro costal.

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Hay que subrayar que Isidoro no fue un autor aislado, sino que en torno a él creció una elite intelectual muy respetable. Por ejemplo, Braulio de Zaragoza, que en una carta escribe a su maestro en estos términos: “Tus libros nos han señalado el camino de la casa paterna cuando andábamos errantes por la ciudad tenebrosa de este mundo. Ellos nos dicen lo que somos, de dónde venimos y de dónde nos encontramos. Ellos nos hablan de la grandeza de la patria, ellos nos dan la descripción de los tiempos…”. También el rey Sisebuto, además de una inequívoca vocación guerrera, sentía inclinación hacia las letras e igualmente escribió a Isidoro. Lo hizo así: “No escuchamos sino el ruido importuno del hierro y los gritos de miles de soldados, las arengas de los generales nos enardecen y en el foro resuenan clamores de guerra. Suenan las trompetas y conseguimos volar pasando el mar. El vascón desde las nieves y el cántabro en sus montañas no nos dejan reposo alguno, pero es precisamente a Nos a quien se ordena ceñir con los laureles del Sol nuestra frente y trenzar, para Nos también, corona de yedra aún más augusta”. Lo cual no deja de ser una buena definición de lo que aquella gente, los godos, tenía dentro de las entrañas.

Otros hechos:

1523: Pedro de Alvarado sale de Tenochtitlán, al frente de un ejército de indios tlaxcaltecas, a la conquista de Guatemala.

1565: Muere el político y eclesiástico Pedro de La Gasca, pacificador del Perú. 

1810: El cura José María Mercado proclama en Ahualulco, Jalisco, la independencia de México frente a España.

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