El Ateneo de Madrid. Por Rosa Mª Arteaga

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Por Rosa María Arteaga (*)

 

La palabra “Ateneo” nos conduce espontáneamente a  la diosa Palas Atenea, que en la mitología griega era una de las principales deidades del panteón . El nombre de foros análogos de cultura y sabiduría en la antigua Grecia era el de Academia o Liceo y la acepción “Ateneo” se toma en el siglo XVIII cuando aparecen en el viejo continente europeo.

En España el conocido como “Ateneo Español” con sede en Madrid aparece en 1820 y se refunda como “Ateneo científico, literario y artístico de Madrid” en 1835.

Impregnados del espíritu de la Ilustración sus promotores concibieron los Ateneos como centros de libertad para la expansión del pensamiento y la profundización liberal de la organización social, política, cultural y científica de su tiempo y de todos los tiempos. El artículo 13 del Reglamento de Madrid señala expresamente lo siguiente: “Este Reglamento reconoce y ampara el derecho de todo socio para profesar o emitir cualquier suerte de ideas políticas, religiosas y sociales, por radicales que sean opuestas a las profesadas por los demás. En este respecto, se considera nula toda resolución asocial que pueda implicar coacción o restricción de esta plena libertad reconocida”. En consecuencia, son las formas orales y en presencia, –discursos, conferencias, proclamas-, los cauces tradicionales para la expresión directa del pensamiento y la provocación de los debates. Es por eso que algo que caracteriza la actividad de los Ateneos es el ejercicio de la tertulia y conversación directa donde las discrepancias se defienden con razones explicativas de posiciones contrapuestas.

Pues bien, el espíritu de nuestro tiempo no negaría teóricamente ninguna de aquellas formas, pero son los instrumentos para hacerlas viables los que están a punto de desaparecer. Esa realidad está en la actualidad en el conflicto que enfrenta a los socios ateneístas históricos de los recién llegados a partir del año 2020.

El actual presidente del Ateneo encabezó una candidatura con el nombre “1820” que se presentó a las elecciones para renovación de la mitad de la Junta de gobierno en el mes de mayo del pasado año 2021. Casi todos los componentes cumplían por los pelos el requisito reglamentariamente exigido de un año de antigüedad, y sus apoyos provenían al 90% de socios que se habían incorporado a la institución en el mismo tiempo. Alejados de la práctica tradicional de negociar candidaturas entre socios, no exenta de polémicas consustanciales a la dinámica ateneísta propia y a procesos reglamentarios de elección continua (anualmente para la renovación de la mitad de la Junta de Gobierno y para la gestión de las Secciones que organizan la actividad cultural), pronto mostrarían formas inauditas de dirigir las Juntas mensuales  de socios, de escuchar, dar audiencia y adoptar decisiones. Eso unido a la imposición de comunicaciones on line con exclusión de otras fórmulas, a una política interior de hechos consumados y a un incremento “sospechoso” en el número de socios avalados por los neófitos de la Junta, provocó la alarma en los “históricos” que comprendieron que el Ateneo de Madrid estaba siendo objeto de una operación de apropiación minuciosamente preparada y ejecutada. Primero se escamotea el cumplimiento de las reglas mientras se crean las condiciones para sustituirlas. ¿Quién está detrás y es el promotor?, no es ya un misterio, pero importa poco para lo que aquí tratamos.

Podemos preguntarnos a quien importa de la ciudadanía lo que suceda en ese ámbito tenido por elitista de nuestra sociedad. Seguramente dejará fría a la mayoría, pero si ya dejó de ser importante que existiera un espacio de librepensamiento de difusión “gratuita”, como hasta hace poco era el Ateneo de Madrid en todas sus actividades y todavía lo es en algunas, es porque esa mayoría colma su curiosidad intelectual con las respuestas  simplificadas y luminosas de un clip sobre una máquina, línea a la que nos invitan los nuevos dirigentes en todas las áreas de actividad humana, como si fuera incompatible con el espíritu de viejo Ateneo de Madrid y su vetusto Reglamento de funcionamiento prácticamente asambleario. El ejercicio y significado de la libertad parece haber quedado fuera de aspiraciones generales.  Conseguido esto, las formas autoritarias de actuación campan satisfechas en una sociedad debilitada por el miedo y la incertidumbre mientras el Ateneo de Madrid está en el mismo proceso de «reseteo» compatible con las reglas de un nuevo orden sobre el que en ningún momento se consultó a los afectados.

 

(*) Rosa María Arteaga, ex Magistrada de la Audiencia Nacional y Asesora Jurídica de la Liga Española Pro Derechos Humanos, Federación Internacional pro Proderechos Humanos-España y Centro de Estudios Manuel Azaña, Socio del Ateneo de Madrid y Presidenta Sección Jurídica del Ateneo.