El chuletón de Sánchez, por Carlos Esteban

Pedro Sánchez durante su visita a Lituania. EFE/EPA/VALDA KALNINAPedro Sánchez durante su visita a Lituania. EFE/EPA/VALDA KALNINA
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Todos somos pecadores, yo el primero, y confieso que disfruté con malicioso placer con la respuesta de Sánchez desde Lituania a los consejos ascéticos de su ministro de Consumo para que derivemos hacia el veganismo, quizá ya más propio de nuestra nueva naturaleza ovina.

Donde me pongan un chuletón al punto… eso es imbatible”. Pasaré sin comentar el mal gusto de estropear una buena carne roja comiéndola de otra forma que sangrante, porque no viene al caso, y entiendo las razones aducidas por los periodistas serios para justificar el anecdótico desmentido, con el ministro de Agricultura de cuerpo presente. Pero permítanme aventurar otros motivos para la boutade que considero más plausibles que la preocupación por nuestra cabaña ganadera.

El primero es el puro placer de humillar a Garzón públicamente y en directo. Albertito es ministro de cuota; se le inventó un ministerio de la Señorita Pepys desde el que no pudiera hacer demasiado daño como premio por regalarle a Iglesias Izquierda Unida, igual que se le da un juguete al niño plomo para que se distraiga y no dé la lata a los adultos. Y él se queda de lo más entretenido contándonos qué frutas son de temporada o lo bueno que es beber agua para no deshidratarse cada muerte de obispo para que no nos olvidemos de que existe y de que es hasta ministro, dando así esperanzas a los progenitores de niños no especialmente despiertos.

Podría decirse que es el alivio cómico del gabinete si no fuera porque de actores con ese papel anda sobrado, desde el desaparecido ministro de Universidades al astronauta, pasando por la estrella favorita de todos, nuestra inmortal Carmen Calvo, la de Cabra.

El del chuletón es un chulo de playa, y ha debido de disfrutar el momento, viendo esa carita de desamparado que tan bien sabe poner Garzón. Algunos he leído que piensan que el ministro, de tener una pizquita de vergüenza, debería dimitir. ¡Dimitir, qué disparate! Son una banda, y a este le tienen como payaso de las bofetadas, pero es ministro y dónde va a ir que más valga. Se traga esa y siete como esas sin que se le pase por la imaginación.

Otro placer sádico que de seguro obtuvo Sánchez con la frasecita fue más sutil, más secreto: recordarnos veladamente que él va a seguir poniéndose lívido de chuletones cuando los plebeyos estemos eligiendo entre ensalada de quinoa y gusanos salteados. Porque Alberto no ha soltado su recomendación como ocurrencia propia, que bien demostró en su boda que no le hace ascos a la carne en abundancia, sino que se limita a ir preparándonos de lo mismo que medios nacionales e internacionales llevan meses avisándonos desde que Gates se puso a hacer carne de mentirijillas a partir de la hierba, que pacer es lo que nos corresponde. Está también recogido en ese distópico Plan 2050, que Sánchez habrá ojeado con un poquito más de atención e interés que su propia tesis.