ya no cuela

El código, por Carlos Esteban

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La inercia gana casi todas las batallas, y en el periodismo no va a ser menos. Claro que este gremio vive ese momento de los dibujos animados del Correcaminos, cuando el coyote sigue caminando en el aire mientras no advierte que no hay suelo bajo sus pies.

Digo esto porque leo en estas mismas páginas que “Colau no dimite tras su imputación y viola el código ético del partido y sus propias promesas”, y eso no es noticia; ni siquiera es el perro que muerde al hombre: es el perro que ladra, y la noticia de parar las rotativas sería que la alcaldesa dimitiera.

Se defiende Colau alegando que el código ético de marras es voluntario. De qué sirve un código voluntario, brindis al sol de manual, no lo cuenta, aunque se explica fácilmente. Se trata señalizar virtud, de hacer posturitas para la galería y anunciar que los nuestros son puros como azucenas y está siempre del lado de los ángeles. Ojalá un código fiscal así.