El despotismo líquido de Sánchez: la Agenda 2050 contra las instituciones democráticas

|

No. No es Ivan Redondo. Es Pedro Sanchez en estado puro. O los dos. Lo que se escenificó ayer no puede ser más cursi, más empalagoso, más impostado. Y más mentira.

Un vendedor de falso patchouli, Pedro Sánchez Castellón, sube a la tribuna y se presenta como el hombre que alumbrará la nueva España del 2050. Ni Adolfo Suarez ni Felipe Gonzalez parecen serle equiparables. ¿La Transición? Peccata minuta…

Además de una farsa con clara intención publicitaria, la presentación de la Agenda España 2050 supone la utilización de una mentira apocalíptica para someter a la gente. Anuncia una catástrofe medioambiental y demográfica a treinta años vista y plantea unas medidas de ingeniería social para evitarlas. Lo de siempre desde que la izquierda se alió con el gran capitalismo global.

Lo que ayer presentó con gran engolamiento mediático Pedro Sánchez es un programa tributario de Davos y de la ya horrible Agenda 2030 pero con veinte años más de prórroga y de pesadilla.

Lo peor es que ese proceso, que según el gran telepredicador supone un cambio mayor que la transición política española, se pone en marcha al margen de los cauces institucionales de nuestra democracia, de espaldas al parlamento, ignorando cualquier tipo de consulta o participación ciudadana, con ignorancia total de todo tipo de proceso constituyente. Sanchez quiere alumbrar una nueva sociedad pero sin contar con ella. Todo para el pueblo pero sin el pueblo. Una modalidad despotismo ilustrado sin ilustración.

En el fondo es trostkismo en estado puro: un hombre nuevo que él va a ahormar para un muevo mundo. Lo de siempre: limitación de derechos, restricciones de libertades, totalitarismo pop.

Un ejemplo: Sanchez, el hombre de la tesis fake cuya mujer no licenciada dirige una cátedra en una universidad pública, quiere que en 2050 España tenga un 50% de titulados universitarios superiores. Así, tal cual. No importa el mercado laboral, la demanda empresarial, el perfil técnico requerido en cada momento histórico. Pero hombre, presidente, que hay que acompasar la formación a la demanda, y no al revés. ¿Y si uno prefiere ser un buen maestro soldador en lugar de un mal economista? España ya tiene el doble de universitarios que Alemania y una cuarta parte de personas con formación profesional, y sin embargo no existe ninguna universidad española a la altura de las alemanas. De calidad, no se habla. Se habla de cantidad, de «rebaño», eso que tanto le gusta al presidente.

Lo que presentó ayer Sánchez es un remedo de los viejos delirios planificadores de la URSS en versión postmoderna, líquida, resiliente, de mucha gobernanza (gobernanta más bien) y todas esos palabros. Planificación a 30 años a base de cambio climático, desastre medioambiental, apocalipsis migratorio, transición energética y sucedáneo de carne elaborada con alpiste. De cómo solucionar el paro, las pensiones, la competitividad de las empresas, las relaciones internacionales, nada.

Para este circo no hacían falta alforjas. Ni siquiera el mundo empresarial, tan tributario del poder en España, le ha acompañado. La gente pasa ya de todas estas chorradas. La propaganda tiene un límite. Sánchez ya no tiene capacidad de liderazgo, por más juegos malabares que haga tras el desastre de Ceuta.

Su señora quiere, a rebufo, apadrinar la creación de una segunda CEOE, verde, progresista, globalista, dócil,  cuando lo lógico sería suprimir también la primera.