Inmigración masiva

El efecto llamada no es un mito

Inmigrantes marroquíes hacen cola desde primeras horas de la mañana ante la oficina de Asilo y Refugio de la frontera del Tarajal en Ceuta para solicitar una cita para la petición de asilo político en la ciudad. EFE/ Reduan DrisInmigrantes marroquíes hacen cola desde primeras horas de la mañana ante la oficina de Asilo y Refugio de la frontera del Tarajal en Ceuta para solicitar una cita para la petición de asilo político en la ciudad. EFE/ Reduan Dris
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Mucho se ha escrito sobre el problema de la inmigración masiva, especialmente a raíz del pacto de inmigración de Marrakech auspiciado por la ONU en 2018 y al que Pedro Sánchez sumó a nuestro país.

Las consecuencias desde que el actual presidente llegó a La Moncloa no se han hecho esperar. La primera reunión que tuvo fuera de agenda pública fue con George Soros y, desde entonces, la inmigración ilegal no ha hecho más que aumentar.

En Canarias, como muestra Rubén Pulido, se ha disparado en los tres últimos años pero, en especial, en la franja 2019-2020:

Cientos de miles de inmigrantes han llegado a nuestras costas y el Gobierno quiere que el ritmo aumento hasta los más de 200.000 anuales en los próximos años. Estos «paga pensiones», tal y como lo justifica el Ejecutivo, no son tal ya que consumen recursos públicos que nunca serán repuestos por la incapacidad de incorporarse al mercado.

Nuestro sistema económico no da más de sí: cerca del 50% de juvenil y una tasa de desempleo general del 15,4% en abril no auguran nada bueno. No sabemos dónde quiere meter el Gobierno a todos los inmigrantes ilegales cuando ni siquiera es capaz de crear las condiciones necesarias para que los españoles puedan tener un trabajo. Quizás un trabajo decente sea pedir demasiado.

No hay voluntad política más que en Vox para frenar esto y proteger a nuestras familias y trabajadores. A más inmigración, más caída de los salarios y más ahorro de costes para las grandes multinacionales.