El falso debate por los impuestos, por Julio Ariza

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No sé qué ocurre con el debate político en España que siempre sitúa el foco de la discusión en el lugar equivocado. El tema de los impuestos, que va a copar la campaña electoral de Madrid con toda seguridad, es uno de ellos.  El debate está centrado, como siempre, en bajar o subir impuestos. Los partidos del centro y la derecha quieren bajar impuestos, La izquierda, quiere subirlos. Y para eso se acude a magnitudes engañosas por comparación con otras naciones europeas: se dice que la presión fiscal en España es de las más bajas de Europa y se responde que el esfuerzo fiscal es, por el contrario, uno de los más elevados. Pero ese, insisto, no es el debate, o no debería serlo.
La cuestión es otra. La cuestión es para qué pagamos impuestos. A qué se destina nuestro dinero, Qué cosas paga el poder político con nuestro salario, con nuestros dividendos, con nuestro patrimonio o con nuestra renta. Si se lo gasta en oropel o si se lo gasta en ayudar a la gente. Si se lo gasta en dar satisfacción a sus redes clientelares, entonces no quiero pagar un solo céntimo. Pero si lo destina a ayudar a los más necesitados y a levantar el país, entonces quiero pagar más impuestos.
Si se trata de ayudar a las viudas que no llegan a fin de mes, quiero pagar más impuestos. Si se trata de ayudar a las familias numerosas, quiere pagar más impuestos. Si se trata de formar eficazmente a los parados para que encuentren empleo, quiero pagar más impuestos. Si se trata de ayudar a las personas con dependencia, quiero pagar más impuestos. Si se trata de facilitar comida y alimento a los mas necesitados, a los que están en exclusión social, quiero pagar más impuestos. Si se trata de ayudar a que no cierren los pequeños negocios, quiero pagar más impuestos. Si se trata de pagar unos buenos servicios públicos eficientes, quiero pagar más impuestos.
Ahora bien, estoy en contra de que el dinero de los contribuyentes sea un cheque en blanco para que el poder político lo dilapide en sostener sus chiringuitos políticos y sociales, subvencione colectivos ideológicos y sostenga organismos clientelares o regale dinero las multinacionales, o a las Fundaciones de los grandes magnates del globalismo (recuérdese que este gobierno ha regalado a Bill Gates 125 millones de euros). No soy partidario de que el poder público pueda destinar, sin mandato previo, los dineros de los españoles a rescatar, por ejemplo, a la compañía Plus Ultra, o Duro Felguera, porque con esos 180 millones de euros se puede ayudar a muchas personas.
Según la AIREF, en España se destinan más de 30.000 millones de euros al año en subvenciones. ¿Puede hacer el estado con nuestros impuestos lo que realmente le venga en gana? De esa ingente cantidad, la mitad, más de 14.000 millones de euros al año, son subvenciones sin control posterior, del tal manera que, realmente, el estado no sabe si la finalidad para las que se concedió el dinero se ha realizado o no, o si la ONG ha podido justificar el gasto con cargo a los proyectos subvencionados. En esas condiciones, me parece inmoral destinar el dinero de la gente a no se sabe qué.
No solo eso. Veamos algunos supuestos de a qué e destina el dinero según la Ley General de Presupuestos del Estado para 2021:
RTVE: 410 millones. ¿Realmente necesitamos los contribuyentes españoles sostener con esa cantidad -que se podría destinar a labores sociales- ese monstruo que ha perdido la neutralidad informativa y se ha convertido en un instrumento de propaganda al servicio del gobierno de turno? Prefiero destinar esa cantidad a la dependencia.
Fomento: ¿Son imprescindibles los 59 millones a los concesionarios de autopistas, o los 168 millones para satisfacer las bonificaciones a residente no peninsulares? ¿Están bien calibradas las subvenciones de 570 millones al tráfico aéreo o los 1.200 millones la sector ferroviario? Me parece más necesario ayudar a las familias a llegar a fin de mes.
Exteriores: ¿Se justifica la partida de 25 millones de la ayuda oficial al desarrollo, los 403 millones que se van en participación en organismos internacionales o los 193 millones del programa de cooperación exterior?
¿Por que Justicia destina 2,2 millones a una Fundacion que se llama Pluralismo y Convivencia mientras existen pensiones que en algunos casos condenan a los españoles a la miseria?
¿Tiene que seguir aportando Economía 30 millones al Fondo Africano de Desarrollo,  y otros 50 millones al Fondo verde del Clima, y otros 3 millones para el desarrollo del talento femenino en el ámbito digital, y otros 3 millones en el impulso del lenguaje natural en la Agenda Digital? ¿Realmente está justificado todo esto?
¿De verdad hay que pagar 3.300 millones de euros a las eléctricas para compensar el sistema eléctrico por los costes de generación y otros derivados del uso de energía eléctrica?
¿Necesita el SEPE destinar 20 millones a mejorar las oficinas empleo cuando las relaciones con los desempleados se mantienen on line?
¿Es presentable que le entreguemos a Ecologistas en Acción 50 millones al año? ¿No será mejor que los destinemos al cuidado del campo y de la naturaleza en lugar de a una ONG?
El Instituto de la Mujer dispone de 700.000 euros para pagar estudios sobre la mujer y el instituto de la Juventud 11 millones para las empresas privadas del programa Erasmus.
Prefiero no seguir con los ejemplos. Prefiero no caer en los ejemplos más surrealista de subvenciones, pero no me resisto a terminar con algunas de las que concede Ada Colau: 57.000 euros a la Asociación Paz con Dignidad, 47.000 euros para consolidar el colectivo LGTBI en Guatemala, o al proyecto «de la banca armada a la banca ética», o al programa»reinventándose el espacio urbano de Africa» etc etc
Yo sí que quiero pagar impuestos, pero tengo derecho a exigir que con el dinero de nuestro esfuerzo se paguen temas realmente necesarios y realmente sociales.
Quiero pagar más impuestos para ayudar a los necesitados, redistribuir la renta, fortalecer el país y ayudar a la España que madruga.
El debate es ese: una cuestión de calidad y no de cantidad; de destino y no de volumen.