El legado bibliográfico del helenismo cordobés

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Luis Ortega

EFE.- Córdoba acoge hasta el próximo 31 de enero una exposición «única» y «singular» de textos griegos del siglo XVI hallados en las bibliotecas de la ciudad y que muestra el importante legado bibliográfico del helenismo cordobés.

La muestra está compuesta por más de cincuenta obras y se basa en la tesis con la tesis doctoral de Rafael Sánchez y dirigida por los profesores Julián Solana e Israel Gallarte y que hace un » estudio muy profundo sobre la relación de Bizancio y Córdoba a través del estudio de estos libros griegos», según explica a EFE la directora de la Biblioteca Diocesana de Córdoba, María Jesús Muñoz López.

La muestra se exhibe en tres sedes diferentes, la propia Biblioteca Diocesana, el interior de la Mezquita-Catedral y el Instituto Séneca, y en ella se pueden observar los manuscritos donados por Gines de Sepúlveda, Sebastián de León y Gonzalo de Córdoba Carrillo, tres personajes «esenciales» para entender el helenismo cordobés.

El catedrático de Filología de la Universidad de Córdoba (UCO) Julián Solana, uno de los comisarios de la exposición, subraya a EFE que Juan Ginés de Sepúlveda es una «de las grandes figuras del siglo XVI» y era clérigo y racionero de la Catedral de Córdoba, donde acaban finalmente sus libros y que ahora se exponen.

Entre las singulares columnas del recinto cordobés se encuentran hasta 9 vitrinas diferentes con los textos de Sepúlveda, muchos de ellos únicos y que proceden en su mayoría de Italia, donde estudia Sepúlveda y se forma intensamente en los textos clásicos griegos gracias a una beca y «al apoyo del cardenal Cisneros».

«Quería estudiar leyes, pero consigue perfeccionar su griegos y enseguida se ponen en contacto con él personajes importantes de la nobleza italiana y el papado», figuras que le «patrocinan la traducción de obras de Aristóteles» que era el «gran pensador» para la época, de ahí que la que traducción de sus obras al latín fueran «muy cotizadas».

De regreso a España, el rey Carlos V lo nombra su «cronista» aunque se centra también en sus «traducciones» y «anotaciones» en los libros griegos que adquiere en Italia, unos comentarios de su «propia mano» y que ahora se pueden ver en una colección «muy especial».

«La inmensa mayoría son ediciones aldinas», impresas por Aldo Manucio el «gran impresor veneciano» de finales del siglo XV y principios del XVI y algunas obras «incunables», pero lo singular es poder ver la «Política de Aristóteles» en su versión original «y «al lado la traducción latina» junto a la «revisión» posterior debido a las «erratas» que contenía.

Una obra «muy completa» ya que se afanó en Italia en «cotejar» distintos manuscritos griegos para una traducción más precisa, algo que lo convierte en un ejemplar «único».

Otra de las joyas que se pueden ver en la Mezquita-Catedral es también un Nuevo Testamento griego, que usa en «su polémica con Erasmo de Róterdam», que suma a las obras de Aristóteles y sus comentaristas, Platón, Jerofontes, Plutarco, Heródoto o Sofocles, todas repartidas en nueve vitrinas.

Ya en la Biblioteca Diocesana se encuentra una edición del Nuevo Testamento griego de Erasmo y un volumen de la Biblia Políglota Complutense, uno de los «grandes monumentos de la historia de la imprenta», un ejemplar con textos «en hebreo y arameo» que luego se traduce «al latín» y, por tanto junto al griego, cuenta con «todas las lenguas en la que se nos han transmitido los textos bíblicos».

Aquí también se encuentra la colección de Sebastián De León, un personaje «secundario» que fue secretario de Sepúlveda y que se hizo con una biblioteca «muy importante» y que hoy día cobra más dimensión y singularidad.

Finalmente, en la tercera sede, el Instituto Séneca, el libro más importante es los dos volúmenes de la Biblia Política de Amberes, una «actualización» de la Complutense y que completa una exposición «muy completa», a la vez que «singular y fascinante», subraya Solana.

«Italia nos lleva siglos de ventaja» en cuanto al helenismo, y por tanto «no se puede comparar con España», si bien el profesor defiende que con esta colección y «otras importantes como la de El Escorial o la de El Pinciano» ponen de manifiesto que «habría matizar esa idea de que en España no se sabía griego ni casi latín», concluye el profesor.