El Museo del Prado expone ‘La condesa de Chinchón’ de Goya tras su restauración

La Condesa de Chinchón, Goya.
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El Museo Nacional del Prado ha presentado este miércoles el incomparable retrato de ‘La condesa de Chinchón’ ejecutado por Francisco De Goya en el año de 1800, tras haber sido objeto de un complicado y cuidadoso proceso de restauración.

La condesa no era otra que María Teresa de Borbón y Vallábriga, hija del Infante Don Luis de Borbón, hermano de Carlos III, y en consecuencia era prima carnal del Carlos IV. El retrato representa a la condesa recién embarazada (apenas contaba 21 años) del valido Manuel Godoy, cuya ambición de emparentar con la mismísima familia real fue colmada con dicho matrimonio.

 El matrimonio fue decidido por Real Decreto de Carlos IV, a instancias de la reina María Luisa, cuando María Teresa aún tenía dieciséis años de edad, y sirvió sobre todo para elevar todavía más la posición social, económica y política de Godoy, hombre de confianza del monarca y amante de la reina. La condesa apenas vivió 50 años y tuvo una vida de desventura y de permanente humillación social y marital, pues Godoy hizo siempre alarde de sus amores con Pepita Tudó, a la que siempre consideró su única mujer, y con la propia reina María Luisa. Jovellanos, con ocasión de la comida que le ofrece Godoy en el Palacio Grimaldi por haber sido nombrado ministro de Gracia y Justicia, anota la impresión que le supuso ver sentadas a la mesa a las dos mujeres, a la esposa y a la amante, una a cada lado del primer ministro:

«A su lado derecho, la princesa; a su izquierdo, Pepita Tudó. Este espectáculo acaba en mi desconcierto. Mi alma no pudo sufrirlo. Ni comí, ni hablé, ni pude sosegar mi espíritu. Hui de allí.»

Cuando Godoy salió al exilio de Paris después de 1808, abandonó a la condesa en Madrid, que refugió el resto de sus días junto a su hermano el cardenal arzobispo de Toledo, D. Luis de Borbón.

El lienzo, señala Beruete, «está pintado con el pensamiento» y ha sido interpretado como el retrato melancólico del infortunio de su protagonista.

Esta restauración, realizada por la reputada restauradora Elisa Mora, ha permitido recuperar los tonos verdes de las espigas del tocado, la calidad precisa de la gasa del vestido y sus adornos bordados o los sutiles matices de los grises y blancos.

Además, la obra ha sido sometida a un proceso de fijación de la capa pictórica y de eliminación del barniz oxidado y de la suciedad acumulada en la superficie de la pintura, como detalla la pinacoteca.

La obra, uno de los más delicados cuadros del pintor, está documentada en el palacio de Godoy en 1800, fue trasladada en 1813 al Depósito General de Secuestros, situado en el almacén que la Fábrica de Cristales de San Ildefonso tenía en la calle Alcalá. En 1814, se sitúa en el palacio de Boadilla del Monte (Madrid) entre los bienes devueltos a la condesa de Chinchón y permaneció en posesión de sus descendientes directos hasta su incorporación a las colecciones del Prado, en 2000, gracias a la adquisición de la obra con fondos del Estado y una aportación del propio Museo Nacional del Prado procedente del legado de Manuel Villaescusa.

Tras 38 años en los talleres de Restauración del Museo Nacional del Prado, Elisa Mora afronta su jubilación con la satisfacción de haber trabajado en la recuperación de los valores originales de grandes obras del arte universal como ‘El 2 de mayo’ de Goya; ‘El vino de la fiesta’ de San Martín de Bruegel el Viejo; o ‘La Dolorosa con las manos abiertas’ de Tiziano, pintada sobre mármol, y haber sido merecedora junto al resto del equipo del Restauración del Museo Nacional del Prado del Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales 2019, concedido por el Ministerio de Cultura y Deporte.