Ya no cuela

El refuerzo. Por Carlos Esteban

Vacuna contra la Covid-19. EFE.
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Quizá es que estamos en agosto, y aun con guerras y rumores de guerras, recesión y miseria energética, los periodistas siguen sin dejar pasar una buena serpiente de verano. El caso es que nos desayunamos estos días con una legión de jóvenes anónimas que denuncian haber sido pinchadas con agujas de forma subrepticia para inducirles lo que se conoce como ‘sumisión química’.

El misterio se hace aún más profundo -o, más probablemente, se desvela- por el hecho de que los médicos no encuentran rastro alguno de la droga misteriosa y sí, en varios casos, de otras muy conocidas en la noche urbana. Dado que, además, ninguna parece haber sido sometida a nada más, lo que haría de este fenómeno el intento de abuso más patético de la historia, es legítimo cuestionar esta historia.

Por lo demás, nuestros gobernantes, que se están especializando en sumisión de la plebe, saben que la secuencia es la inversa: primero viene la sumisión a través del miedo, y luego la inyección.