El Rey Lear y la mentira política de la izquierda española

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Decía Jean-Francois Revel que la primera de las fuerzas que mueven el mundo es la mentira. Tras el No Debate de la Cadena SER, todos los partidos políticos de la izquierda y del llamado centro (seguidos y alentados por la prensa del movimiento) han bendecido el planteamiento diseñado para esta segunda parte de campaña por Pablo Iglesias: ante el riesgo de desaparecer, incendiar el debate y reinventar la realidad; poner la mentira al servicio del odio, y viceversa.

O estamos todos locos, o lo que ocurrió en el No Debate de la Cadena SER no fue un combate entre el fascismo y la democracia (qué bobada) sino la escenificación de una estrategia por parte de Pablo Iglesias, que necesita tensar -que diría Zapatero- esta campaña al máximo para volver a existir. Pablo Iglesias abandonó el No Debate para entrar otra vez en la campaña. Y entonces lo logró: todos a una.

Lo extraño es que el resto de la izquierda española se haya dejado engañar y que haya caído en la tosca trampa del bolivariano. En la medida en que todos han consentido en resituarle en el centro del debate -nada menos que como la gran víctima del fascismo- le han rescatado de la desaparición. Rescatar a un competidor tiene una consecuencia inmediata: que crece a costa de los propios y de los colindantes. Es decir,  al hacer seguimiento de Iglesias, PSOE y Mas Madrid le están entregando una parte de su electorado. Al tiempo que le salvan, se suicidan. Una cosa es que le permitan movilizar a los muy cafeteros y otra distinta que se entreguen con armas y bagajes a su discurso, porque esa entrega incondicional incluye la de los miles de votos que habían conseguido arrebatarle. Llevan sus competidores ya varios días haciéndole la campaña al moribundo. Esa torpeza política solo se entiende por la ceguera ideológica que les impide ver con claridad.

La política española vive una tormenta de mentira y ceguera patológica. Hay un fanático que lleva más de un lustro prendiendo fuego a la vida social española. Hasta que Pablo Iglesias llegó a la política, España era un país tranquilo, en el que la gente discrepaba pero no se odiaba. Con su llegada, todo cambia. Ha sembrado el odio y ha cegado al resto de la izquierda con su patología ideológica.

Es calamidad de estos tiempos -escribe Shakespeare en el Rey Lear- que los locos guíen a los ciegos.