Hungría

En favor de Orban, por Julio Ariza

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Victor Orbán es el único líder europeo que parece estar preocupado por la protección de la infancia frente a la pederastia (auténtica y atroz plaga de nuestro tiempo), la pedofilia y la contaminación sexual de personalidades aún en formación como las de los niños y los adolescentes.

Borges decía que la infancia es la patria. Pues bien, introducir debates artificiales y dañinos en almas y cuerpos aún sin estructurar, irrumpir de esa manera en la frágil y maravillosa edad de la inocencia es dejar a una persona sin patria para toda la vida. ¿Cabe mayor crimen?

Reconocimiento a Víctor Orbán

Orbán merece un reconocimiento aunque solo sea por intentar preservar el tesoro infantil de sus saqueadores. Y yo quiero rendirle desde aquí mi modesto homenaje.
Hoy los órganos de la Unión Europea y los países más chic -entre ellos, el nuestro, desgraciadamente- han firmado una carta en la que pretenden imponer su voluntad en materia de derechos humanos sobre un estado soberano, libre, democrático que es además un estado de derecho (de lo contrario no podría ser miembro de la U.E.). Un país cargado de historia, de civilización, de cultura, de tradición moral, que defiende la raíz última de la cultura europea. La U.E. parece lanzarse sin embargo sobre los cimientos mismos de Europa. Sobre sus raíces y sus valores. Y lo hace con ferocidad de jabalí.

Cuatro perspectivas engañosas

El debate se está planteando desde varios ángulos, a cual más engañoso. Como los viejos espejos deformantes del callejón del Gato de Valle-Inclán, desde Bruselas y desde el pensamiento único -que ya no es pensamiento sino mera opinión- se plantea la batalla contra Hungría desde cuatro perspectivas engañosas:
1.- Los firmantes de la Carta contra Hungría defienden derechos frente al gobierno húngaro, que los vulnera.
2.- La última palabra sobre derechos humanos es de la Unión Europea.
3.- Está en juego la democracia en la Unión Europea, de tal manera que Hungría no sería un país democrático sino «de extrema derecha»frente a la corriente dominante en Bruselas que sería la verdadera democracia.
4.- Lo moral es promover la agenda LGTBI.
Permitidme rebatir con cierta contundencia y ningún miedo esos argumentos:

Hungría es un Estado Democrático y de Derecho

Vaya por delante que Hungría es un Estado Democrático y de Derecho. De lo contrario no podría ser miembro de la Unión Europea. El primero de los requisitos para ingresar en tan selecto club es precisamente ese: ser una democracia impecablemente respetuosa con los derechos humanos, en la que no ingresarían nunca ni China ni Irán ni Turquía (países con los que Bruselas y los estados miembros tienen múltiples y crecientes relaciones bilaterales sin que la cuestión de la homosexualidad o la agenda LGTBI parezca pesar lo más mínimo, pese a que en todos ellos la homosexualidad esté perseguida incluso con la pena de muerte).
En consecuencia, constituye un contrasentido -además de una tremenda hipocresía- que desde la U.E., los mismos estados miembros que se inclinan ante China, pretendan no solo presentarnos a un estado miembro como Hungría como no democrático y no respetuoso con los derechos humanos por el hecho de apartar la agenda LGTBI del mundo de la infancia, sino que además emprendan contra el país magiar una furibunda y desproporcionada presión, llena de insultos y de descalificaciones, del todo inadmisibles.

Defensa de los derechos humanos

En segundo lugar, desde los países firmantes de la carta contra Hungría se pretende señalar que mientras ellos defienden los derechos humanos, los húngaros -de extrema derecha, claro- los vulneran. Parece exagerado y cuando menos torticero identificar la defensa de los derechos humanos con la agenda LGTBI y la defensa de los derechos de la infancia poco menos que con el nazismo. En mi opinión a los niños hay que dejarles crecer en paz sin introducir en sus frágiles personalidades en formación influencias propias de conflictos padecidos por personas adultas.  Eso en el mejor de los casos. Pero lo que ya me parece del todo intolerable es que se tache la defensa de la inocencia de los niños como una política contraria a los derechos fundamentales. ¿Y si nos encontraremos ante un conflicto de derechos, que no se quiere confesar ni plantear en sus justos términos? ¿Y si hubiera que decidir, como hace Hungría, entre los derechos de la infancia o proteger los de la agenda LGTBI? Yo no tengo ninguna duda: si entran en conflicto, hay que proteger los derechos de la infancia, no solo porque son los más indefensos y vulnerables, sino porque su violación tiene carácter irreversible, y porque son mayoría.

Batalla entre la soberanía nacional  y el poder de Bruselas

En tercer lugar, se presenta la lucha contra Hungría como la batalla entre la dictadura de extrema derecha y la democracia desplegada desde Bruselas. Es justo lo contrario. Hungría es un estado soberano, con un parlamento libremente elegido por el pueblo en elecciones democráticas. Ese parlamento soberano legisla en nombre de la voluntad popular con entera libertad en el marco de la Constitución democrática de ese país. Por lo tanto, pretender imponer desde la Comisión Europea o desde Holanda, Luxemburgo, Bégica o España una legislación a ese parlamento en materiaLGTBI es el fin de la democracia nacional húngara y el principio del fin de la democracia en todos los demás estados europeos, que estarán al albur de lo que dicte Bruselas y sus poderosos lobbies, como el LGTBI. Es el fin de la soberanía de los estados.

La cuestión moral

En cuarto pero no en último lugar, la cuestión moral. Desde Bruselas se tacha de inmoral prohibir clases o películas LGTBI en las aulas magiares. Es la suprema expropiación de la conciencia moral de los ciudadanos, y se realiza desde un poder burocratizado que no representa a nadie, más que a los lobbies que pagan sus facturas. La moral no es expropiarle, no es sustituible, no es intercambiable. La moral, como la conciencia, es un patrimonio que no puede estár a disposición de las agendas globalistas, por mucho que financien fundaciones, asociaciones, lobbies y gobiernos.
Los húngaros tiene perfecto derecho a la decencia y a la preservación de su moral: siendo esta además la obligación de proteger a las generaciones futuras de debates que, introducidos artificialmente en las frágiles mentalidades infantiles o adolescentes, pueden hacer pagar un altísimo precio irreversible a las personas.
También los niños son titulares de derechos humanos. No pongan desde Bruselas sus sucias manos sobre ellos.