Ya no cuela

En pleno siglo XXI! Por Carlos Esteban

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Dicen que la Historia es maestra de la vida, pero este lugar común es fácilmente malinterpretado: los historiadores no tienen mayor capacidad de predicción que el común, como se ha demostrado hasta la saciedad. Las lecciones que se pueden extraer de la historia son pocas, y en su mayor parte ambiguas. Pero hay una muy evidente que, sin embargo, se nos escapa a menudo: la futilidad de la arrogancia cronológica.

Con esto me refiero a la impresión instintiva de cada generación de hallarse en la cúspide intelectual y moral de todas las épocas, facultada por eso mismo a juzgar (y condenar) lo que les ha precedido, especialmente sus ideas y concepciones del mundo. Nosotros, los ‘modernos’, hemos superado todos esos viejos prejuicios, esos desnortados prejuicios, esas ideas trasnochadas. No es que ignoremos que la historia seguirá adelante, con nuevas ideas e invenciones, pero estas nos darán de algún modo la razón, avanzarán en la línea, serán lo mismo pero más. Porque estamos siempre “del lado correcto de la historia”.

Y es el conocimiento de la Historia lo que nos puede sacar de esa ilusión. No ha habido apenas generación que no haya juzgado a las anteriores como trágicamente erradas en sus ideas, que no se haya sonreído con suficiencia ante las absurdas creencias del pasado. Y eso debería llevarnos lógicamente a concluir que pasará exactamente lo mismo con nuestras ideas, que parecerán extrañas manías a nuestros bisnietos.

Pero nadie lo hace, nadie que cuente, que decida. Cada generación parece inaugurar el mundo y darle su credo definitivo.