Escándalo y bochorno democrático en Vallecas

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El mayor bochorno democrático de los últimos años lo ha vuelto a protagonizar la extrema izquierda.

Se han cometido varios delitos electorales, de manera ininterrumpida, ante a la pasividad policial, en Vallecas. Gritos, insultos, intimidación, incitación al crimen, apología del terrorismo, violencia, lanzamiento de objetos. «A por ellos como en Paracuellos». «Gora ETA». Vallecas ha sido tomada por el odio. No se oían cosas así desde hacía mucho tiempo en España. En Paracuellos fueron masacrados más de 4000 inocentes, mediante sacas, a sangre fría, el crimen por el crimen. ETA ha asesinado a casi 900 españoles, en pleno régimen democrático.

Es la herencia de Pablo Iglesias.

No solo es un delito de odio, es la apología del crimen, del genocidio, la exaltación del terrorismo. Iglesias lleva sembrando todos estos vientos desde que entró en política. Estos son los frutos. Y el Gobierno lo tolera con gozo.

La ultra izquierda ha querido impedir que Vox pudiera desarrollar su acto electoral. «Los brigadistas de Pablo Iglesias», ha dicho Abascal, han desatado su ira. En Vallecas se ha visto la batasunizacion de esa izquierda podemita que gusta del jarabe democrático, de los escarches, de las herriko tabernas, de Otegui.

Un dispositivo policial irrisorio. Una estrategia de no actuar para impedir el delito electoral. Marlaska, dice Abascal, es el responsable. Les arrojan huevos, piedras, ladrillos adoquines. Abascal los enseña desde la tribuna y baja a pecho descubierto, se dirige a los manifestantes y al jefe del dispositivo para pedirle que se garanticen los derechos electorales de los asistentes al mitin.

Los de Vox sacan el mitin adelante. No importa lo que digan. Lo que importa es que han vuelto a ganar la batalla de la libertad «mientras Iglesias, la izquierda pija, abandona Vallecas para ir a Galapagar» y el sicariado ataca a los de Vox.

Vox ha entrado en campaña por la puerta grande. Abascal conoce el paño, porque tiene mucha mili de cuando los etarras atentaban contra él y su familia, y asesinaba a sus compañeros y amigos.

Pablo Iglesias, por si acaso, ha salido del lugar del crimen. Mientras en Vallecas se asalta la libertad y brota la discordia, él se ha vuelto a Galapagar, a refugio. «El fantasma de Galapagar», en palabras de Abascal.

Todo estaba preparado. El distrito madrileño ha amanecido con carteles en contra de la formación.

Vox había denunciado ante la Delegación de Gobierno y la Junta Electoral Central la «amenaza de boicot» y exigió garantizar la celebración del acto sin impedimentos.

Dos asistentes al mitin han resultado heridos, con la cabeza abierta. Un diputado de Vox ha sido evacuado al hospital.