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AMEDRENTAR A LOS JUECES

A vueltas con la ‘lawfare’. La nueva agenda de la izquierda. Por Julio Ariza

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Es tan sobresaliente el injustificado complejo de superioridad moral de la izquierda, tan grande su desprecio por el adversario, que están convencidos de que pueden hacer lo que les venga en gana y los demás, nada. La izquierda pijotera no es otra cosa que una izquierda de niños de papá educados en el egotismo. Es, además, gente muy poco original, nada creativa, nada heterodoxa y, eso sí, muy militante, personas de carril, con su Catón siempre abierto, dogmáticos, de consigna más que de idea, muy de marea, de lapidación comunal y de todos a una. Esta izquierda tiene además la piel extraordinariamente fina. Son grandes especialistas en la ley del embudo. Grandes demagogos. 

Ahora que se han cargado a un prestigioso Guardia Civil por actuar legalmente y seguir las órdenes de un juez, sacan a pasear la deformación latinoamericana de la lawfare (la versión norteamericana es otra cosa), un neologismo para llamar la atención del periodista y desviar el tiro de la opinión pública hacia la derecha. La lawfare, una expresión de la judicialización de la política, viene a ser, en la versión que trae ahora la izquierda del Foro de Sao Paulo, una especie de guerra política a través de los jueces. La lawfare (guerra jurídica) suele utilizarse en conjunto con la “guerra mediática”, manipulando los medios de comunicación para que sirvan como órganos de propaganda con el fin de provocar una enorme presión pública en contra de una persona (Pérez de los Cobos), un grupo (jueces y magistrados) o una causa visualizada como enemiga (causas abiertas contra el gobierno). Estos métodos son los más utilizados en las campañas de lawfare orquestadas por la izquierda.

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Es decir, cuando un gobierno cesa a un guardia civil por cumplir la ley -en este caso, la orden de un juez- entonces, dicen, lo que existe es una acción de lawfare. Si hablaran de judicialización de la política la gente ni les escucharía, pero usan un nuevo palabro, un señuelo fonético para atraer la atención, y la atraen. ¿Law qué?, y entonces el televidente pica y presta atención. Estos pillos de la propaganda no tienen remedio. El Coronel de honor sigue injustamente cesado por cumplir la ley. Pero ellos, con su raca-raca mediático, nos van a dar la tabarra del lawfare sí – lawfare no en los próximos meses. Esa será su agenda, a medida que las miles de causas judiciales contra el gobierno por la gestión del Covid-19 se vayan abriendo.

Dicen que no hay mejor defensa que un buen ataque y estos pijos disfrazados de alternativos y diversos han copiado, nada menos, que a la siniestra amiga de Garzón (juez prevaricador y ejemplo viviente de neutralidad político-judicial), Cristina Fernández de Kirchner, que acusaba a los jueces de haber emprendido una guerra política contra ella. La misma estrategia de Lula da Silva, con diez escandalosos casos abiertos por corrupción, dos de ellos ya con co dena. Es el manual del Foro de Sao Paulo. 

Ahora que Paulo Iglesias, que ha difamado a media España con acusaciones de corrupción y delincuencia varia, parece que va a sentarse en el banquillo por obstrucción a la Justicia y revelación de secretos; ahora que los informes de la DEA sobre el origen de sus dineros tropicales amenazan con prosperar, hay que coaccionar a los jueces, no se vayan a atrever a juzgar a D. Pablo y condenarle. 

Esta izquierda caviar, con su ceguera voluntaria y su enorme cara dura, es la misma que condenaba las puertas giratorias y hoy coloca a sus gerifaltes de antaño en los consejos de administración de grandes empresas españolas. Esta izquierda demediada y sórdida que gusta maltratar a una mujer hasta hacerla sangrar y, sin embargo, se autoproclama feminista, que recibe dinero de Irán y dice defender a los homosexuales, que dice pactar con los defensores de ETA para salvar vidas, que sube el sueldo de los guardias civiles para poder cesarlos con toda impunidad, que mercadea con el honor y recorta las libertades públicas; esta izquierda que se llevaba el polvo arrastrado en las togas, que montó falsos escándalos de corrupción e hizo sentarse, por vez primera en la historia, por orden de un juez parcial -luego apartado del caso por la Audiencia Nacional- a un presidente del Gobierno en una causa oscura, cuyo objetivo político culminó en una moción de censura para montar un frente popular; esta izquierda que expropia cadáveres, ocultó la pandemia y acumula a sus espaldas al menos 30.000 muertos; esta misma izquierda liderada por malas personas, llenas de odio y bajeza, viene ahora a decir que los jueces la han emprendido con ellos. 

Estos señores, coléricos, iracundos y pijos, derribaron la Abogacía del Estado (no hace falta recordar su triste papelón en el juicio del procés), tomaron la Fiscalía (“éxito garantizado”), el Tribunal Supremo (que ratificó el expolio de un cadáver), el Tribunal Constitucional (que sigue en silencio respecto del estado de alarma y sus excesos), el Defensor del Pueblo (que ha dejado de existir), el Parlamento (que vive a medio gas) y el CNI (han puesto al zorro a las puertas del gallinero). Quedaban, pues, los jueces para terminar de importar el chavismo. 

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La agenda de la lawfare es amedrentar a los jueces. 

Ha llegado la hora de lawfare, que es el farwest de Iglesias, que tiene la misma coherencia moral y el mismo aspecto que el malo del Salvaje Oeste.

Lawfare es la estrategia: que vienen los jueces; a por ellos, pues.

 

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