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Algo huele a podrido en Dinamarca

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La Audiencia Nacional ha imputado a Francisco González por los encargos que el BBVA hizo al comisario José Villarejo. Más allá de la presunción de inocencia que debe ser salvaguardada, más allá del contenido exacto de los trabajos que realizara Villarejo para la entidad financiera (fundamentalmente, al parecer, encargos de espionaje, interceptación de comunicaciones con resultado de revelación de secretos y cohecho), la imputación del Presidente del banco supone que el responsable máximo de una entidad, sea esta del tipo que sea, debe ser investigado por la Audiencia Nacional junto con los directivos que contrataron directamente al comisario, cuando existan indicios de su participación o consentimiento en los hechos.

El dato es significativo porque puede afectar en el futuro inmediato a altos cargos de otras entidades que en su momento contrataron los servicios de Villarejo. Ahí están los nombres de Ignacio Sánchez Galán por Iberdrola y el del actual presidente de PRISA Javier Monzón. Ahí también la información que ha ido apareciendo sobre el espionaje de Iberdrola a Florentino Pérez con la turbia finalidad de someterle a una repugnante extorsión. ¿Se reduce la trama al mundo empresarial? 

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El caso Villarejo no afecta únicamente, ni mucho menos, al mundo de los negocios. Las investigaciones del juez García Castellón han ido sacando a la superficie el nombre de importantes comisarios de policía, de jueces y fiscales y también, cómo no, personajes políticos de relevancia. Al parecer, unos encargaban al siniestro comisario black trabajos que iban desde la investigación personal y económica de un rival hasta el chantaje, la destrucción o el espionaje del enemigo,  y el resto de la maquinaria se ponía a funcionar gracias a millonarios pagos y a la complicidad de policías en activo, jueces y fiscales. Así se pudo lograr, al parecer, la paralización de proyectos que contravenían intereses empresariales o de extradiciones de relevantes empresarios a países centroamericanos, así como destruir a rivales políticos. Las últimas revelaciones apuntan a que el comisario Villarejo se manejaba en la UDEF como Pedro por su casa. Al parecer la operativa era la siguiente: Villarejo pedía extraoficialmente a policías de la UDEF en activo que investigaran a determinadas personas o hechos para conseguir informaciones con las que poder cumplir sus encargos privados, fabricar dossieres y facturarlos; luego, un abogado del grupo Villarejo denunciaba los hechos, ya oficialmente, en la policía, y se iniciaba una investigación reglamentaria que acababa en los tribunales. La prensa afín se encargaba de poner el ventilador mediático en funcionamiento y se destruían personas, empresas y adversarios de todo tipo. La palabra cloaca se queda a veces corta y oculta lo que era una verdadera trama mafiosa que no conocía límites y esta ubicada en la estructura de las instituciones del Estado y del mundo empresarial. Una mafia que, al parecer, aún podría seguir funcionando, como hidra de varias cabezas.

¿Cómo explicar si no la incomprensible huida y desaparición del Pollo Carvajal? En  el diseño de su estrategia de defensa figura, claro, al abogado Baltasar Garzón, resuena el nombre de una magistrada afín al ex juez y sale a la palestra una sospechosa (o simplemente torpe) actuación policial que deja escapar al pájaro (al Pollo). Luego la Ministra Delgado (entrañable de D. Baltasar, éxito garantizado) cesa fulminantemente  al juez de enlace con EEUU (que pedía la extradición del chavista) a instancias del Juez Andreu, del círculo también de Baltasar Garzón. Todo lo cual da curso a una nueva guerra en el seno de la Audiencia Nacional entre partidarios de extraditar al general venzolano y partidarios de impedirlo a toda costa. La Audiencia Nacional, un tribunal completamente anómalo que ha perdido su razón de ser tras la lucha antiterrorista, se ha convertido en campo de batalla entre facciones políticas,  en centro de la lucha por el poder político y fáctico en España, y debe ser por ello redefinida en sus funciones, estructura y sistema de provisión de plazas, si es que se quiere salvar su propia continuidad. 

¿Alguien entiende que este señor, que era una auténtica prioridad para la DEA norteamericana., que tenía toda información sobre las vinculaciones de Maduro con el narcotráfico, con los movimientos comunistas latinoamericanos y con la financiación de Pablo Iglesias, que conocía todas los latrocinios de los chavistas refugiados en España y el papel de Rodríguez Zapatero en Venezuela, no estuviera vigilado por los servicios de inteligencia, la policía o la Audiencia Nacional? Hay cosas que no son creíbles y que explican muchas otras. ¿Qué relación tenía o tuvo el Pollo Carvajal con Rodríguez Zapatero? ¿Qué papel jugó –si jugó alguno- en la mediación de ex presidente con Maduro? ¿Qué sabía de los turbios pagos de PEDEVESA a través de la embajada española en Caracas? ¿Y de los paraísos fiscales donde la jerarquía chavista guarda miles de millones de dólares robados a las arcas del estado venezolano? ¿Quién cobraba del narco y con qué finalidad?

Es evidente que Villarejo no puede haber sido el artífice de semejante fuga de película. 

Es evidente también que sin una estructura para-policial, para-fiscal, para-judicial en la sombra y al servicio del mal, este señor no se podría haber escapado nunca. Lo cual significa que el ínclito Villarejo no era sino la cabeza de una de las importantes tramas mafiosas que actuaban impunemente en España, pero no la única. ¿Cómo se llama el siguiente Villarejo? 

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Algo huele a podrido en Dinamarca.

Hay más cuestiones que no pueden pasar inadvertidas. Los empresarios van cayendo, los policías van cayendo, los intermediarios van cayendo, y sin embargo no caen ni los altos dirigentes políticos que también contrataron sus servicios ni los jueces ni los fiscales que pudieran haber estado implicados en dichas tramas. 

¿Existen acaso distintas varas de medir? A parecer, existen.

Iremos viendo qué ocurre, pero no es razonable, en términos de estricta justicia, que si pueden ser judicialmente investigados los máximos directivos de las mayores empresas del país y las tres últimas cúpulas policiales del ministerio de interior, no puedan ser investigados también, por la misma razón, por similares conductas y prácticas, los gerifaltes políticos y mediáticos que contrataron los servicios del todo poderoso comisario.

En cuanto al affaire del Pollo Carvajal, lo peor es que acaba de dejar en evidencia la existencia de, al menos, otra trama mafiosa, que ya no es Villarejo, y continúa operando al margen de la ley sin que ni los partidos políticos se hagan eco de tamaño escándalo o exijan responsabilidades, sin que los magistrados de la Audiencia Nacional abran diligencias, sin que desde el Consejo General del Poder Judicial se haga nada, sin que se produzcan dimisiones en los cuerpos que debían vigilarle o sin que se abran expedientes a quienes debían haber impedido la fuga dando cumplimiento a los protocolos ordinarios establecidos para evitar ese tipo de huídas. Tampoco los medios de comunicación –mucho menos los grandes del duopolio- se han hecho suficiente eco de semejante escándalo.

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Este país es ya un Estado fallido que ha caído en las garras de la mafia. 

Todo esto da para una serie de Netflix, que nadie rodará. Eso sí, según las grandes cadenas de TV y los medios afines al sistema, el peligro está en Vox, un partido que no está ni en la pomada ni en las cloacas y quieren -¿por eso?- ilegalizar. Nos toman por imbéciles.