LAS HORDAS NEONAZIS SE HAN CRECIDO

Arde Cataluña. Por Julio Ariza

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Como los miembros del Klu Klux Klan en Mississippi Burning; como las marchas con antorchas de los nacionalsocialistas para celebrar la ascensión del Fúhrer; como la quema de libros en la Plaza de la Ópera de Berlín del año 1933; como las llamas de las Tullerías de 1848; así está Cataluña. En llamas. Llamas totalitarias, llamas violentas, llamas destructivas que van devorándolo todo mientras el gobierno de Pedro Sánchez sigue tocando el violín ante el hundimiento del Titanic. Madrid sigue de fiesta mientras en Barcelona los comunistas, los separatistas, los tontos útiles que ya son legión, los actores de aquella revolución de las sonrisas transformadas en muecas -muecas de estupor y de odio- han entregado Cataluña a la destrucción. Son los hijos del odio educativo, de la ira propagandística, del latrocinio de la burguesía nacionalista, de la cobardía de los españoles.

El Presidente de la Generalitat está en el ajo. Los golpistas han sido medio indultados. El Tribunal Supremo ha lanzado el mensaje de que “España no se atreve”. Pedro Sánchez está paralizado, desbordado por su propia falta de talento. Casado y Rivera se han puesto de puntillas, queriendo parecer más altos, más hombres de estado, pero este no es momento para la simulación, la impostación o la apariencia (¿no se dan cuenta de que son ridículos los tres?). Las hordas neonazis se han crecido y arrasarán Cataluña sin remedio.  

Solo nos queda VOX para poner pie en pared y no perder para siempre la paz en Cataluña. Solo nos queda VOX para evitar que ese reguero de odio se extienda por el resto de España.

En el primer párrafo de ‘El manifiesto Comunista’, Marx y Engels escriben: «Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro del comunismo.» No es lo mismo, claro, pero podemos decir: “Un espectro de cierne sobre España: el espectro del separatismo.”

Esa trilateral de la parálisis y las gestualidades, formada por los actuales líderes del PSOE, del PP y de CS, es la garantía del desastre en Cataluña. Al enemigo –porque el separatismo violento ya no es adversario; es enemigo- estos tres bisoños no les merece respeto. Por eso se han crecido (y no están precisamente de puntillas).