La barba de Mariano. Por Julio Ariza

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Mariano no es el señor de las viñetas de Forges, aunque podría serlo, si quisiera. (O no). Ayer Santiago Abascal dio una nota de ingenio en el mitin de Vistalegre. “Se ha dejado barba” (en referencia a Pablo Casado) pero no es como “mi barba” ni como “la barba de Iván”, sino como la “barba de Rajoy”. La barba de Rajoy es todo lo contrario de la barba de Abascal. 

Rajoy se mesaba la barba en permanente duda (aquel “chico, qué lío”, terminaba siempre por resumir sus altos pensamientos estelares y zanjaba sus conversaciones) y era un escéptico de sí mismo y de sus ideas, y por eso las sustituía siempre por ocurrencias, algunas ingeniosas. De duda en duda, acabó apolillado en la indecisión, y entonces llegó la censura, el bolso en el escaño, la sentencia infame. Un hombre paralizado deja de ser un hombre para la política. Cuando cayó, ya había dejado caer antes a once millones de votantes. Y por eso cayó.

A Santiago Abascal no se le sube nadie a las barbas, que se sepa, es decir, que no se la deja mesar por nadie. Tiene algo hondo cuando habla y algo que da seguridad a los suyos. Cuando habla, cree en lo que dice, y aunque dude como todo el mundo, la duda no le atenaza, ni le paraliza, ni le convierte en pelele de nadie. Se siente libre y eso se nota. Los medios de la izquierda ya no saben qué hacer con él. 

Mariano es débil porque no cree más que en sí mismo, y Santiago es fuerte porque cree en las ideas que defiende. Para uno todo es relativo, incluso el ser humano, y para el otro no, porque el hombre está dotado de una especial naturaleza que lo hace único. 

Uno no se atreve a decir lo que piensa y el otro se atreve a pensar todo lo que dice, y lo dice. Abascal se ha atrevido a pensar esas cosas que muchos habían dado por perdidas. Y se atreve a saber (¿recuerdan el sapere aude de Kant?) lo que los otros prefieren ignorar, por ejemplo, la otra memoria histórica, la historia criminal, golpista, genocida de la izquierda.

Rajoy era un hombre paralizado por el miedo, por el lío, por el pasteleo. Abascal avanza, avanza para llegar a puerto. Uno es un táctico y el otro es un líder.  

El mitin de Vox en Vistalegre fue todo un éxito. La intervención de Abascal, espléndida. Pero lo importante, lo decisivo en su figura política no es eso. Lo decisivo es la honda convicción de lo que dice

Pablo Casado se ha puesto la barba de Mariano y se le nota postiza.

La de Iglesias apenas tiene tres pelos, no vale para nada, es pelusa de camuflaje tras la que aguarda agazapado el comunista malvado. 

Rivera y Sánchez son barbilampiños, como Errejón, que va para muñeco diabólico. 

Santiago tiene la barba recia que necesita el español de a pié para salir adelante y confiar en algo y en alguien y para sentirse seguro, o sea, libre. Pese a la distorsión y a la deformación que hicieron de él los medios de la facción progresista, ha dejado de dar miedo y ha comenzado a dar seguridad. Abascal no asusta más que a los malvados. A la gente de a pie, le da seguridad. 

(Última hora: la barba de Mariano, la postiza, la que le han puesto a Casado, ha resultado ser Ana Pastor. No tienen remedio).