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UNA HIDRA DE VARIAS CABEZAS

Cómo operaba Villarejo. Por Julio Ariza

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El caso Villarejo no afecta únicamente, ni mucho menos, al mundo de los negocios. Las investigaciones del juez García Castellón han ido sacando a la superficie el nombre de importantes empresarios, comisarios de policía, y también, cómo no, personajes políticos de relevancia.

¿Cómo es posible que este personaje tuviera tan distinguida clientela? ¿Qué alto grado de eficacia podía ofrecer el comisario para que presidentes de importantes multinacionales españolas, grandes fortunas familiares, despachos de abogados importantes y altísimos dirigentes de partidos políticos contrataran sus servicios? ¿De dónde procedía su éxito garantizado? 

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En primer lugar, nada habría sido posible sin que los jefes de seguridad de esas grandes empresas, casi todos ellos miembros del Cuerpo Nacional de Policía, hubiesen tratado, conocido y contado con Villarejo. Muchos policías de alta graduación eran, efectivamente, contratados, en segunda actividad, como jefes de seguridad las grandes empresas españolas, no solo por su experiencia en materia de seguridad y sus conocimientos de protección de instalaciones y personalidades, sino también por sus contactos en el Ministerio del Interior.

Esos Jefes de seguridad de las empresas no podían realizar determinados encargos de manera oficial a sus antiguos compañeros de Ministerio. Una cosa es organizar un operativo de escoltas o contravigilancias, o dotar a unas instalaciones de sistemas operativos de protección, y otra bien distinta obtener información de forma clandestina destinada, eventualmente, al espionaje industrial, la consecución o paralización de operaciones o proyectos, la extorsión o la eliminación de rivales o competidores. La información es ciertamente poder. La policía no puede hacer un dossier a petición de una empresa o un particular; opera sobre estrictos protocolos de actuación, muchas veces bajo la autorización y dirección de jueces y fiscales, sin incurrir en vulneraciones de revelación de secretos, delitos contra el honor, la intimidad o la vida personal y económica de los particulares. Ni todos los jefes de seguridad trabajaban con Villarejo ni todos los policías trabajaban para él. Pero es evidente que tenía, fuera y dentro del cuerpo, a determinados colaboradores. Es muy posible, incluso, que los propios operativos que, según el propio Villarejo, le facilitaban las  informaciones requeridas, desconocieran su último destino.

Según las reveladoras grabaciones publicadas esta misma semana en los medios de comunicación, el sistema era aproximadamente el siguiente: cuando un empresario o un alto dirigente político o social encargaba al comisario trabajos de investigación, personal o económica, de un tercero (otro empresario, otro político, un líder social), el comisario Villarejo acudía a sus contactos en la UDEF. Villarejo se acercaba al Complejo de Canillas y pedía extraoficialmente a policías en activo que investigaran, con los medios públicos a su alcance, conductas y economías de determinadas personas o empresas para conseguir informaciones con las que poder cumplir sus encargos privados, fabricar dossieres y facturarlos. Luego, entregaba ese dossier a su cliente y lo facturaba. El cliente podía hacer varias cosas: guardarlo para cuando hiciera falta, extorsionar con su contenido -si fuera susceptible de extorsión- al rival espiado, filtrarlo a algún medio de comunicación amigo e, incluso, entregar el dossier a un abogado de su grupo para que  denunciara los hechos, ya oficialmente, en una comisaría de policía, y se iniciara una investigación oficial hasta llegar a los tribunales. La prensa afín se encargaba de poner el ventilador mediático en funcionamiento y se destruían personas, empresas y adversarios de todo tipo. Al parecer Villarejo tenía relaciones en el ámbito de la justicia, fiscales o magistrados, en activo y en excedencia.

Una verdadera trama mafiosa, de altísimo rendimiento económico y político, que no conocía límites y estaba ubicada en la estructura de las instituciones del Estado y del mundo empresarial. Una mafia que, al parecer, aún podría seguir funcionando, como hidra de varias cabezas. 

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