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YA NO CUELA

Con él llegó el escándalo

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Uno puede decir que lo ha cambiado todo, y tendría razón, o que no ha cambiado nada, y también acertaría, de algún modo. La pandemia es como ese extraño que, en ciertas novelas y obras teatrales del siglo pasado, llega a la vida de un pueblecito o una familia aparentemente normales y con su sola presencia ilumina toda la oculta miseria, la basura escondida bajo apariencias mantenidas a duras penas.

Es, en ese sentido, un virus catártico. Ha llegado como un juez que va llamando a los testigos, y todo va saliendo a la luz y todo se acelera. Las mentiras del Gobierno se desmienten casi tan deprisa como se pronuncian, su brutal incompetencia, sus instintos tiránicos y totalitarios no caen ya sobre una población adormecida por la relativa prosperidad y la licencia. Nuestro miedo generalizado y nuestro forzado enclaustramiento han obrado el milagro.

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La propia reacción de los paniaguados chirría ahora como un tenedor rascando una pizarra, tan desencajada y stalinista en su propaganda. Ver a nuestros arrogantes aristócratas de purpurina cantando, en América, ‘Imagine’, y en España, ‘Color Esperanza’ da grima, indigna, astraga.

Los viejos resortes no funcionan.

Nada lo ha traído, propiamente, el virus, que no ha hecho más que revelar y acelerar una patología que lleva muchas décadas pudriendo nuestra sociedad.

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