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Editorial de El País: ¿Alerta antifascista o incitación al odio? Por Julio Ariza

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“La primera de las fuerzas que mueven el mundo es la mentira”. La sentencia, de J.F. Revel, cuyo libro ‘El conocimiento inútil’ recomendamos vivamente a los compañeros de El País, se ha hecho especialmente presente en el editorial de ese periódico. Parece que tampoco hayan leído a Gramsci y su idea del poder revolucionario de la verdad. Quizás estén en la versión que del pensador italiano ha hecho Errejón, que parece añadir a la idea gramsciana “eso, si nos conviene”.

Desde el editorial unánime de los medios catalanes contra el Estado democrático, no veíamos algo tan fuera de lugar como la que El País publica esta mañana bajo el título ‘Deber de réplica‘.

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En ese escalofriante editorial, el diario El País, concebido por el tardofranquismo para operar la evolución mediática del régimen, ha replicado la tristemente célebre “alerta antifascista” que lanzó el inefable Iglesias Turrión contra VOX después de su éxito en las pasadas elecciones andaluzas. “Las posiciones de VOX (dice ahora El País) exigen activar todas las alarmas”, y con ello se suma, tristemente, lamentablemente, a la consigna del partido chavista que tanto detesta a ese periódico.

Es curioso cómo una izquierda socialdemócrata puede alcanzar en su radicalización oportunista las posiciones de la peor ultraizquierda. No es una novedad histórica y en consecuencia no nos sorprende, pero merece, esta sí, una réplica al margen de todo sectarismo.

Más allá de la legítima preocupación de los directores de El País por el imparable ascenso de una fuerza política que ha decidido desobedecer los mandatos del pensamiento único pregonados en España por ese periódico; más allá de la comprensible preocupación que pueda producirles la llegada de un partido que pone en cuestión los mantras de su confort; más allá del legítimo desacuerdo del medio con el grupo político, hay líneas que un periódico no debe traspasar.

El editorial echa un auténtico rapapolvo a los partidos de izquierda por no haber sabido rebatir las tesis de Abascal, lo cual significa que, implícitamente, dan por vencedor indiscutible del debate al líder de VOX y que, además, quieren resolver la derrota de los suyos por vía editorial. En eso de reescribir la historia tienen bastante oficio.

Tras la bronca a la izquierda, el editorialista lanza una advertencia a los partidos del centro derecha -como la institutriz amenaza a un alumno- para que no se les ocurra pactar con el monstruoso Abascal, el inhumano. Aquí le sale a El País el tic autoritario, que quizás le venga de antañazo, conminando a los partidos a hacer lo que dice el editor: no levantar el cordón sanitario en torno a VOX.

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Más que un editorial es un mandato para frustrar cualquier posibilidad de que tras las elecciones pueda constituirse en España un gobierno alternativo que expulse a la izquierda del poder. La sola idea de que los suyos pierdan el B.O.E. les aterra.

Vayamos ahora al fondo, donde el editor incita a lo que podría llegar a considerarse como una incitación al odio.

Es un editorial impropio, plagado de descalificaciones y de insultos, de afirmaciones que no responden a la realidad y de burdas mentiras. Con una rabia y un odio que hasta la fecha no habían salido de Cataluña, el periódico acusa irresponsablemente a Abascal de afirmaciones falsas, de disyuntivas falaces, de poseer un ideario incompatible con los valores constitucionales, de haber justificado la xenofobia, el racismo, de criminalizar a los adversarios políticos que “a diferencia de VOX, no profieren amenazas contra el orden constitucional ni desprecian ni ridiculizan sus valores”. Le llama ultranacionaista, le equipara a los condenados por sedición en Cataluña. En un penoso ejemplo de impotencia política, de pérdida de nervios, de estar dispuestos a convertir la información en lo que sea con tal de evitar la pérdida del poder. El editorialista roza incluso, con la ferocidad de su proclama, la incitación al odio y la cosificación del adversario.

Tras llamarle fanático, le tilda de nostálgico del franquismo, un régimen que “buscó ayuda en los más feroces tiranos del siglo XX e inspiración en sus tenebrosas ideologías” (el mismo régimen que, dicho sea de paso, designó a Juan Luis Cebrián, de poderosa familia franquista, director de TVE y preparó la llegada del propio diario, una idea original de Manuel Fraga, exministro de Información y Turismo).

El editorial viene también a cuestionar la legislación electoral y de partidos, plenamente constitucional y democrática, al poner en entredicho la legítima presencia de un partido con representación parlamentaria como VOX en el debate a cinco, “así como la escalofriante naturalidad con la que los argumentos xenófobos e intolerantes de su líder se codearon impunemente con los del resto de los partidos, debería encender sin más demora todas las alarmas”. Fíjese que, después de llamarle xenófobo e intolerante, censura que se codee impunemente (es decir, sin pena o sanción) con los demás partidos. ¿Está el editorial pidiendo su ilegalización? Se refiere a VOX como “un grupo político cuyos principios y cuyas propuestas no tienen cabida en el orden constitucional”, y no lo hace a humo de pajas, porque esa es precisamente una de las causas para ilegalizar a un partido político en España. Y llama al PSOE y a Podemos a la “réplica” respecto de “una fuerza que no puede ser considerada como las demás”. No cabe mayor vulneración de los derechos políticos consagrados en la Constitución.

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VOX nunca se ha declarado ni racista, ni xenófobo, ni franquista, ni nazi, ni fascista, ni mucho menos contrario al orden constitucional por cuya defensa, por cierto, su líder ha sufrido persecución y quiso ser asesinado por ETA. VOX se ha declarado siempre firme defensor de la Constitución de 1978 (de la que, por cierto, no debería ser anatema discrepar) y propone, con toda legitimidad, la reforma de un modelo territorial insostenible. VOX se ha mostrado siempre partidario de la igualdad y ha condenado con irrefutable firmeza los crímenes contra la mujer, aunque quiera sustituir un modelo legal ineficaz, discriminatorio e ideológico por otro diferente y eficaz. VOX no es racista ni xenófobo aunque pretenda regular la inmigración ilegal. A qué seguir.

El editorialista lo sabe muy bien. Sabe que VOX ha saltado la barrera de los intermediarios y ha desmentido en vivo y en directo en más ocho millones de hogares españoles todas las manipulaciones de medios de comunicación como El País. La gente ya sabe que Abascal no es un monstruo, un fascista, un xenófobo, un nazi, un animal. Ese descubrimiento es lo que ha hecho saltar las alarmas de El País.

Luego Lastra, a calzón quitado, les ha llamado fascistas en un mitin.

Alarma antifascista, pues.

Todos haciendo fila detrás de Pablo Iglesias.

Muy preocupados tienen que estar en Moncloa para que hayan encendido todas las alarmas movilizadoras.

Había que contar con ello. Son las trampas habituales de una izquierda sectaria que está dispuesta a recuperar el odio, el rencor y la rabia de los españoles para mantenerse el poder.

Tratan a los españoles como menores de edad. Es peor que una mentira, es una estupidez, es un error.