El otro ‘efecto Illa’, por Rafael Rossy

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El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña anuló el decreto que suspendía las elecciones del 14 de febrero.  A partir de ese momento, únicamente el Gobierno de España podía evitar que las elecciones se celebraran el 14 de febrero. Eran todavía los primeros días de febrero y se estaban viviendo los días más dramáticos de la tercera ola del Covid-19, con cifras de muertes diarias que solo se habían visto en las primeras semanas del virus chino en España, en marzo y abril de 2020. 

Pero si alguna cosa ha dejado clara este Gobierno durante este año de gestión de la pandemia es la escasa preocupación que les provocan los muertos y la subordinación de cualquier política sanitaria a las prioridades del partido. Así que, con la intención de aprovechar electoralmente la constante aparición televisiva del ex-ministro de responsable durante estos meses –como si se tratara de una merluza fresca en plena venta en el mercado de abastos– se mantuvo esa fecha electoral tan inconveniente.

Han pasado ya dos semanas desde los comicios y hay que preguntarse si –a pesar de todas las medidas que se tomaron para minimizar las transmisiones– las votaciones  vinieron acompañadas de un incremento de los contagios que, en su porcentaje esperable de letalidad, se han convertido y convertirán en muertos.

En esta pandemia el ‘dato falso’ ha sido siempre el de los casos, ya que, por un lado, buena parte de ellos quedan ocultos por una baja sintomatología y, en última instancia, dependen de la cantidad de pruebas analíticas realizadas en cada momento (y, obviamente, de su motivación). De acuerdo con datos de la propia Generalidad de Cataluña, el número de tests realizados en la semana inmediatamente posterior a las elecciones se redujo cerca de un 35 por ciento, tal y como puede verse en el siguiente gráfico:

 

 

A pesar de esta reducción, la evolución que ha seguido el supuesto número diario de contagios, que hasta el fin de semana de las elecciones había ido decreciendo linealmente con un comportamiento altamente positivo, empeoró y dejó de reducirse a partir de esa fecha, tal y como queda gráficamente expresado:

 

Sin duda un dato más fiable como indicador de una crecimiento de las infecciones es la positividad de los test (es decir, el porcentaje de pruebas de detección de SARS-Cov-2 que dan positivo). En Cataluña, esta positividad se incrementa a partir de los comicios particularmente en los tramos de edad de entre 30 y 70 años, que son los que tienen mayor participación en el proceso electoral.

Finalmente, otro factor que ha venido demostrando en estos meses una correlación constante con los datos de contagio, hospitalización y fallecimiento es el número diario de llamadas por covid realizadas al SEM (el sistema de emergencias médicas). La curva que sigue el gráfico del número diario de llamadas no ofrece dudas: inmediatamente después de la jornada electoral las llamadas de auxilio por pacientes con Covid-19 crece con fortaleza tras el 14-F.

Algún día los españoles nos preguntaremos seriamente cómo pudimos dejar en manos de estos insensatos sinvergüenzas la vida de tantos compatriotas y si de verdad deberían salirse todos de rositas…