LUCAS MOLINA FRANCO

‘En España somos cainitas sin remedio’

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Conversación tranquila de Josep María Francás con Lucas Molina Franco, economista, editor y doctor en historia.

JMF: ¿Para ti la historia es una afición?

LMF: Una afición, una pasión y en la actualidad, una forma de compartir con los aficionados mis investigaciones.

JMF: Con la nueva ley tendrás qua hacerlo en la intimidad…

LMF: Espero que no. En la intimidad investigo en numerosos archivos, pero mis conclusiones deseo seguir publicándolas y compartiéndolas, sin censura.

JMF: Tu especialidad es España en el siglo XX, estará caso todo prohibido…

LMF: Desconozco los pormenores de la futura ley, y si te soy sincero, no me importan. Llevo muchos años escribiendo en Libertad y siempre con el respaldo de documentos. Si con esta ley pretenden cambiar la historia, tendrán que cerrar los archivos, o prohibir las consultas a los investigadores. A mi, de verdad, no me van a callar.

JMF: Parecen que pretenden reescribir la historia desde posiciones políticas… ¿Hay precedentes de este tipo de actuaciones en el siglo XX?

LMF: En países totalitarios, sí. Recordemos como desaparecían de las fotos los líderes políticos caídos en desgracia, o cómo se amoldaban al régimen correspondiente, los acontecimientos históricos. En países con tradición democrática, esto es una aberración. Una forma de censura con castigo al discrepante.

JMF: Además de ser la antihistoria…

LMF: El año pasado tuve la oportunidad de compartir unos días con militares rusos en Siria, visitando con ellos lo que quedaba de Alepo. A través del intérprete pregunté al almirante anfitrión qué opinaba de Nicolás II y su trágico final. Me dio una lección de reconciliación. Él y la mayoría del pueblo ruso no era partidario de la monarquía, pero me dijo que a su manera, y equivocado, había sido un patriota ruso. Tras la Perestroika, los restos de la familia fueron recuperados, se les hicieron pruebas de ADN y todos fueron enterrados con honores en la catedral de San Petersburgo. Mucho que aprender, José María.

JMF: Mucho sin duda, me dan envidia…

LMF: Han tenido muchos años de oscuridad, como los polacos, los húngaros, los rumanos, y han visto la luz al final del túnel. En España somos cainitas sin remedio.

JMF: Me has hablado de tus investigaciones, ¿de cuales te sientes más orgulloso?

LMF: Hablando de mis investigaciones, quizás la que más polvareda ha levantado ha sido la cuantificación y cualificación de las armas recibidas del exterior, en el transcurso de la Guerra Civil Española. Todo partió de una interpretación sesgada y malintencionada de Ángel Viñas, quien publicó un trabajo sobre el asunto con errores de bulto y comentarios sin ningún fundamento. Tiré de documentación de los principales archivos militares y civiles españoles y le desmonté punto por punto su trabajo. Lo publiqué como Colección de artículos y, finalmente como libro. No tuvo la decencia de contestar mi crítica historiográfica, ni de recular en sus errados cálculos. Un modelo de historiador para la “Memoria democrática”. A ver si la señora Calvo le busca un puesto…

JMF: Y, ¿qué desvelaste en concreto?

LMF: Que los nacionales no recibieron, ni más ni mejor armamento que sus adversarios, por término general, que era la tesis de Viñas por la que intentaba demostrar que Franco ganó la guerra. Una tesis muy reduccionista, y cargada de sesgo, con olvidos -imputables al desconocimiento absoluto de Viñas en asuntos militares y a sus pocas visitas a archivos militares españoles, me consta- y a su empeño enfermizo de hacer culpable a Franco de todos los males -reales e inventados- de la historia reciente de España. A pesar de Franco los sublevados ganaron la guerra, y a pesar de Franco, recibieron más y mejor armamento que los republicanos. Esa era la tesis. Pues no.

JMF: ¿Recibió más y mejor armamento la república?

LMF: Es un tema complejo, pues no se puede hablar de manera general. En cierto tipo de material la República recibió lo último y más moderno del momento, y se me ocurre, por ejemplo, los cañones antitanque y antiaéreos Bofors, o los carros de combate T-26, e incluso, los cazas Policarpov I-16. Los problemas de la República fueron, por una parte, el peor empleo que del material importado hicieron sus combatientes, y por otro, los comisionistas internacionales, que se forraron con las ventas de material de deshecho de muchos países, europeos y americanos. Las autoridades republicanas enviaron numerosas comisiones a adquirir material y en muchos casos o fueron timadas o algunos de sus miembros se gastaron el dinero en cuestiones ajenas al armamento. Es un tema muy complejo.

JMF: ¿De qué otra investigación estas orgulloso?

LMF: Te podría contar que investigando para mi tesis doctoral, descubrí que las negociaciones entre las comisiones españolas y alemanas para llegar a la firma de un acuerdo comercial entre nuestro país y el todopoderoso III Reich en 1942, fueron a cara de perro. Todas las propuestas alemanas, excepto una, fueron desestimadas y tiradas por tierra por los negociadores españoles, tanto en Madrid como en Berlín. Eso de que Franco estaba plegado a los designios de Hitler en los años 40, nada de nada. De hecho, en 1943, con el general Jordana de ministro de Exteriores, a punto se estuvo de paralizar las exportaciones de materias primas básicas para la economía germana hasta encontrar una salida negociada al enorme déficit de balanza de pagos entre nuestro país y Alemania.

JMF: Y, ¿qué paso al final? ¿Qué salida se negocio?

LMF: Alemania se comprometió con España en disminuir el enorme desbalance enviando armamento moderno en grandes cantidades. España aceptó y ahí nació uno de los más desconocidos hechos de la Segunda Guerra Mundial: desde finales de 1943 hasta 1945 Alemania envió a España una cantidad ingente de armamento de tierra, mar y aire. Algo que no se repetiría hasta la firma de los Acuerdos con EEUU, en 1953. El último envío fue por avión de Lufthansa, en mayo de 1945, con Hitler ya suicidado.

JMF: ¿Por que Franco no entró en la Guerra Mundial?

LMF: Franco y sus asesores eran muy prudentes y sabían cómo estaba España en 1940. Un país roto, un país arruinado, un pueblo agotado tras tres años de guerra. Las garantías de que España se aprovecharía de una rápida victoria alemana no existían. En mi opinión Franco tuvo razones de peso para no dar el paso más fácil en aquel momento de euforia por las rápidas victorias germanas.

JMF: Y, ¿por qué al plan Marshall paso de largo?

LMF: Los líderes aliados -no hay que olvidar que Stalin estaba en el bando aliado-, no perdonaron los devaneos de España con Alemania hasta finales de 1943, mediados de 1944.

JMF: Pero a Alemania si la ayudaron…

LMF: Claro, Hitler había muerto y el nacional-socialismo también. Alemania estaba en un impasse con la Comisión de Control Aliado gobernando lo que quedaba y era necesario insuflar aire económico a un país destruido. Franco seguía en el Palacio de El Pardo, y no era un amigo para los aliados.

JMF: Pero, ¿Estados Unidos no acabó ‘tutelando’ el franquismo?

LMF: Ya entramos en otra época, la Guerra Fría lo cambio casi todo en Europa, y los norteamericanos -Eisenhower, que era militar como Franco, no lo olvidemos- necesitaban un aliado en el sur del continente. Yo no creo que los EEUU tutelaran el franquismo, fue un quid pro quo, Franco necesitó a los Norteamericanos y los norteamericanos necesitaron a España en el entorno europeo del momento. No hay que olvidar que los británicos y los franceses fueron más reacios y más duros con el régimen de Franco que los americanos.

JMF: Gracias Lucas, no te entretengo más, habrá tiempo más adelante si te dejas. un abrazo.

LMF: Gracias a ti, José María. Un placer este rato. Un abrazo fuerte.