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'DEJEN YA DE JUGAR A JUEGO DE TRONOS'

¿Era prudente mantener en Barcelona el Mobile World Congress?

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Los partidarios de mantener a toda costa, a todo riesgo, la celebración en Barcelona del Mobile World Congress (MWC) arrojan las excelentes cifras de los celebrados los años anteriores. Es un congreso -una feria- que dura cuatro días, crea 13.000 empleos, aporta 500 millones de euros a la ciudad y trae a la Capital Condal unos 110.000 asistentes. Pone a Barcelona en el mapa mundial tecnológico y además deja un pastizal en el sector servicios.

El argumento, netamente mercantilista, es defendido ahora con fruición por los comunistas, los social-comunistas, los indepe-comunistas y los indepe-junquerianos, es decir, el nuevo Sanedrín catalán (que más que Sanedrín parece el camarote de los hermanos Marx).

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A un lado, pues, está la ganancia, la pela (por cierto, los 13.000 puestos de trabajo se crean para el estrecho margen de cuatro días… pero en este punto, este lugar, en este momento, ni se habla de precarización del trabajo ni de derogación de la reforma laboral). A otro lado está, debería estar, mejor dicho, la responsabilidad de los gobernantes, que deberían evaluar ponderada y razonablemente los eventuales riesgos de celebrar, en este momento de expansión incontrolada del coronavirus, el congreso. Al otro lado está la salud de la gente.

La epidemia siguen creciendo a nivel mundial y ya se han contabilizado más de 1.000 muertes y de 40.000 contagios. El Reino Unido ha declarado ya el coronavirus como una “amenaza seria e inminente para la salud pública”. Matt Hancock, secretario de Salud, ha elevado todas las alertas y ha anunciado “medidas para asegurar la protección de la población” ante la expansión desde China del coronavirus. Interpol ha lanzado la llamada alerta naranja para que las policías del mundo adopten medidas de protección y control. No hay que caer en la histeria informativa, es cierto, pero una cosa es eso y otra traer de una sola vez a una ciudad española, a Barcelona, a 110.000 personas procedentes de todo el mundo (de poco sirve que no vengan los chinos, ante esa cifra de personas) que han viajado por el mundo y tan tenido contacto con gentes de todos los países. No solo traérselos a una ciudad, sino meterlos durante cuatro días en unas naves con estructura de feria o de congreso, sin ventanas, con sistemas de ventilación inteligente, es decir, cerrado, de forma y manera que los virus que alguno de los asistentes pueda portar pasarían diseminarse por los sistemas de aire y calefacción y a estar al alcance de más de cien mil visitantes, que luego salen a pasear por las calles de Barcelona, se alojan en sus hoteles (también con circuitos cerrados de ventilación) y comen en sus restaurantes y cafeterías.

Al parecer hay pacientes a los que se llama ‘superpropagadores’ que tienen la capacidad de transmitir la infección a gran número de personas, lo cual hace crecer exponencialmente el riesgo de contagio. Al británico Steve Walsh, quien contrajo el virus en Singapur, se le vincula por ejemplo con la infección de otras 11 personas durante unas vacaciones en la nieve en los Alpes franceses. Cinco de los contagiados están ahora en Reino Unido, otros cinco en Francia y uno en Mallorca, España.

El sindicato Confederación Española de Policía (CEP) ha hecho llegar una carta a Fernando Grande-Marlaska, en la que reclama que la Secretaría de Estado de Seguridad dicte una instrucción tanto para los agentes de la Policía Nacional como los de la Guardia Civil, en la que “se establezcan las medidas técnicas y sanitarias que los funcionarios de ambos cuerpos deben adoptar en estos casos”. Por el momento, los agentes solamente han recibido unas recomendaciones de la Dirección General de Policía en base a las recomendaciones de Interpol, que emitió una alerta naranja en la que anima a las Fuerzas de Seguridad de todos los países a “aplicar medidas de salud pública y de vigilancia recomendadas por la OMS”.

Es posible que existan métodos de control de la población entrante en el aeropuerto de El Prat, pero ¿no sería más prudente, en tanto se controla la propagación del virus y se estabiliza la alarma, suspender la celebración del congreso y aplazarla para mejor fecha?

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Las grandes compañías, que no quieren exponer a sus trabajadores a riesgos de contagio, se están dando de baja en un goteo que no ha hecho más que empezar. LG, Ericsson, Sony, Intel, Amazon, Nvidia, NTT, Umidigi, Gigaset, Vivo… Telefónica, Vodafone, Orange BT, tres de los grandes operadores de telecomunicaciones europeos, se han reunido a tal efecto y están valoran acudir o no. Consideran que la GSMA, ente organizador del evento, no puede garantizar la seguridad de los asistentes. Ayer mismo, NTT Do CoMo, el primer operador de telecomunicaciones, anunció que no asistirá.

Lo malo de haber convertido la presidencia del Gobierno en una consultora de marketing político es que estas cosas dejan de ser importantes. Si el presidente dejara de ocuparse de envenenar políticamente a los españoles y entregar Cataluña a los sediciosos, si se ocupara de los problemas reales (no ideológicos, pero reales), actuales o potenciales, de los españoles, no habría un especial motivo de preocupación. Sobre la alarma sanitaria pende la alarma política por este gobierno.

La responsabilidad del Presidente, si algo ocurriera en el Mobile, es evidente. Se trata de una crisis de sanidad exterior, competencia de Estado (no de las Comunidades Autónomas) ante la que no solo deben movilizarse en Ministerio de Sanidad e Interior y evaluar seriamente la posibilidad de mantener el evento, sino que hay un órgano concreto que depende del Presidente del Gobierno, más exactamente de su Director de Gabinete, y que reside en Moncloa, y es el Departamento de Seguridad Nacional, con magníficos profesionales, que quizás pudiera aconsejar si el Mobile debe o no mantenerse.

Dejen ya de jugar a Juego de Tronos, y pónganse a los mandos del país.

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